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Fermín
Cachafeiro, padre de Avelino y miembro de los "Gaiteiros de Soutelo"

Foto
familiar del año 1915, donde aparecen los padres y cuatro de los
hermanos Cachafeiro

Los
"Gaiteiros de Soutelo", Avelino, Castor, Bautista y Fermín, en 1919

Biografía
de Avelino, de X.M. Rivas Troitiño, autor también de esta colaboración
(edición facsímile del Ayuntamiento de Forcarei)

Avelino
con su mujer, Josefa Cortizo

Avelino
con su sobrino Maduro, ante la primera bomba de gasolina de Terra
de Montes

Caricatura
de Avelino realizada por Castelao

Libro
de poemas de Avelino, del año 1969, prologado por Don Ramón Otero
Pedrayo y con la portada de Lugrís.
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Avelino Cachafeiro
traducción
de la colaboración de x.m. rivas troitiño (biógrafo de Avelino) para
la revista cotaredo en el
centenario del gaitero
-Entón, ¿vosé son bermellos?,
le preguntó un policía en el puerto de Lisboa al más joven de los
"Gaiteiros
de Soutelo" cuando llegaban de Europa de vuelta a casa, mientras España estaba
en guerra civil. -No señor, nosotros somos de Soutelo de Montes.
Esta es la cara que más es preciso subrayar de Avelino Cachafeiro
Bugallo, proclamado el mejor gaitero de Galicia en el año 1924, en un
concurso del que Castelao fue testigo. Porque Avelino, al fundar el
grupo con su padre y su hermano Castor, escogió el nombre de "Gaiteiros de
Soutelo". Renunció, de algún modo, a su identidad para adoptar la
de su comarca.
Ahora, 100 años después del nacimiento de Avelino, una de las figuras
egregias de nuestra tierra, debemos recordar no solamente al gaitero que
llevó su arte hasta
América, sino también al empresario y al poeta. De su faceta de
gaitero, conviene destacar que además de intérprete de excepción, se
dedicó a recoger el folclore de la tierra y a componer. La Muiñeira de
Chantada es un ejemplo de esa recuperación. Hoy resulta gratificante
hablar de un artista de la gaita. Avelino soñaba con que la
gaita pudiese llegar ala Universidad. Pero con toda probabilidad nunca pudo
imaginar que en la aldea global en la que nos toca vivir, la gaita
llegase a ser
instrumento tan reconocido y de masas como lograron que lo fuese Carlos Núñez,
Susana Seivane, José Luis Hevia...
Para ser justos, el Gaitero de Soutelo tuvo casi tanta fama en su tiempo,
no solamente en Galicia, sino en América, donde actuó
triunfalmente en el teatro Avenida de Buenos Aires, posiblemente el escenario
más llamativo en aquel entonces. Pero pienso que solamente dentro del mundo
gallego. Hoy, y esa es una de las grandes diferencias, el sonar de la gaita
sola o con otros diferentes sonidos y ritmos pertenece e interesa al
mundo entero, es un fenómeno de masas, no sólo de los gallegos.
Avelino nació el 26 de mayo de 1899, un año después de la fecha que señalo
en mi biografía de el *. No
recuerdo ahora de donde tomé la fecha del 98,
que en cualquier caso no es la correcta, sino la que figura en la partida
de bautismo. Nació a las once de la mañana, quinto hijo de Fermín
Cachafeiro Balado, gaitero, y de Dolores Bugallo Paz. Sus ancestros
eran todos de la Terra de Montes, de Sanguñedo por la parte del padre,
y de
Dúas Igrexas y Forcarei por la de la madre.
La enseñanza musical debió de ser cosa de familia. Su abuelo Xoán Cachafeiro,
gaitero, su padre, también. Según Sabela, hermana siguiente de Avelino,
a la
que seguirían Bautista y Víctor Castor, nuestro gaitero empezó a
aficionarse a la gaita a eso de los doce años. Del abuelo había aprendido
lo rudimentario de la
técnica, y o demás lo fue conociendo a escondidas. Los montes de
Soutelo, escribí en la biografía, fueron el conservatorio en el cual se
formó el
que sería virtuoso de la gaita, el lugar donde comenzó el diálogo entre
instrumento e intérprete.
Cuando el padre de Avelino, que cobraba seis pesetas por tocar en las fiestas,
fue consciente del arte del hijo, le regaló las gaitas y se dedicó a tocar
el
bombo. Por si la gaita no llegase a ser suficiente fuente de ingresos, Avelino
también aprendió el oficio de herrero en Carballás.
Al remate de la I Guerra Mundial nace el grupo "Gaiteiros de Soutelo",
del que Avelino sería el símbolo y el artista sin par, director y
compositor. Gaitero sería también el hermano Castor. Bautista, otro hermano, cantaba de tenor
y tocaba la caja, mientras el padre se hacía cargo del bombo y cantaba
o bailaba. Andrea, tía de los jóvenes, los acompañaba
con el pandero. Casi como en la cantiga popular:
O gaiteiro toca a gaita,
a
muller toca o tambor,
os
fillos tocan o bombo
o
can ládralle o roncón
La fama del grupo empezó a crecer, y tuvieron la suerte de que un
"mecenas" les regalase un viejo Ford para poder atender todas
las llamadas en unos tiempos en que casi todos los municipios tenían
gaitero titular. Pero los de Soutelo eran, al parecer, muy buenos, y para
una fiesta al año bien se podía echar la casa por la ventana. La
verdad es
que ellos sabían alegrar las fiestas: eran todo un show.
Una circunstancia que pudo mermar no solamente el arte sino la vida de
Avelino se resolvió a su favor, ya que, a la hora del servicio militar, en vez de
tocarle para Africa fue excedente de cupo, tres meses después de ser enviado
al Regimiento
de Infantería de Ferrol. Enseguida fue nombrado gaitero de la Sociedad
Artística de Pontevedra. Y por toda Galicia un nombre empezaba a sonar:
el "gaiteiro de Soutelo" que, desde allí, tuvo la oportunidad de saltar
a la
fama. Estamos en 1924. Santiago, la capital de una Galicia que intentaba
subrayar su diferencia, convoca en el mes del Apóstol un concurso para
nombrar al mejor gaitero de Galicia. Primero se celebra uno literario,
al que acuden gentes como Otero Pedrayo, Vicente Risco, Gómez Barros,
Filgueira Valverde... y que gana Eladio Rodríguez González, con un poema
que repetía "Todo o campo é unha oración".
El día 28 había de empezar el concurso de gaitas, a las seis de la
tarde en la plaza de los Literatos o de la Quintana, como también se llama.
Llovía. En
Santiago había nueve gaiteros tratando de luchar por los premios. Avelino
tenía fama. Era alto, bien puesto, elegante, hablador y muy artista, sobre todo con
su traje típico, calzón corto, roja montera y chaleco bordado.
Para esta ocasión, uno de los grandes gallegos hizo de cronista: Castelao.
"Mientras allá abajo bullen las gentes con acontecimientos
inventados por los hombres, aquí en la montaña las gentes siguen bullendo
con los acontecimientos de la Naturaleza. Un día de lluvia hace hablar
más que un cambio de régimen político. En el concurso de gaitas de Santiago
se presentaba el gaitero de Soutelo y este acontecimiento extraordinario
preocupó a las gentes como si fuese un acontecimiento de la Naturaleza.
Y se hablaba mucho y se hacían pronósticos. -Hoy es el día y el o
gaitero bajó ya ayer. Un feriante dudó del triunfo, quizá porque allá
en sus tiempos había escuchado a Ventosela... Y la gentes descorazonadas prepararon
el espíritu para recibir la noticia de una injusticia. -Los premios se
dan por
empeños y el gaitero no los tiene. El día pareció durar mucho y todos
teníamos
un concurso de gaitas en la cabeza. ¡Qué regalía de los ojos si pudiésemos
destapar las cabezas de toda esta gente!, porque es preciso no olvidar que
los más originales decorados se crían en la imaginación
inocente del pueblo aldeano. -¿Y si Avelino se corta? Mirad que tocar allí
no es lo mismo que tocar en Soutelo".
En
Santiago era fiesta, pero había también mucho rebumbio. Unos días antes
había estado por allí el dictador Primo de Rivera. El alcalde dimitió
cuando marchó el general; hacía poco tiempo que había quitado de su despacho
los
retratos de Montero Ríos y García Prieto. Como arzobispo estaba el gallego Manuel Lago González, poeta él
mismo. El jurado estaba formado
por Xosé Gómez Curros, Ricardo Fernández Carreira, que era el director
de la Banda Municipal, y Esteban Mariño Caldelas, contador de la Liga que
organizaba el concurso. El gaitero de Soutelo tenía a la sazón 24 años,
y su hermano Castor 17. Algunos de los otros gaiteros debieron haber
escuchado algún ensayo de Avelino, porque tres ya no se presentaron.
Quedaban seis para
tres galardones. El jurado, aunque los de Soutelo pensaran otra
cosa, no era de los que regalaban premios. En el concurso de bailes
habían dejado desiertos los dos primeros. Pero los de gaita los
concedieron. El primer, cómo no, fue para Avelino, y 150 pesetas. Era la
proclamación pública. Después de tocar la Alborada de Veiga y un
"pasacorredoiras". Escritores,
poetas, gallegos todos, se sintieron representados en aquel gaitero que tan
bien hacía sonar el instrumento que él mismo definiría como escudo de
Breogán, y que Otero Pedrayo resaltaría como el más recio y armonioso
roble del bosque antiguo.
El cronista Castelao recoge también la llegada a Soutelo. "Y en
la tarde del siguiente día ahí viene Avelino con sus hermanos -todos
vestidos al modo típico- tocando una muiñeira que le levantaba el rabo
al mismo perro de San Roque. El padre del gaitero, en la puerta de la casa,
echó un fuego. Avelino ganara el primer premio. -Bien lo decíamos: no
hay quien pueda con el gaitero de Soutelo. Y las gentes de la montaña
respiraron con orgullo. Yo entré con todos en la casa del Gaitero y
sentí que también
me tocaba parte del triunfo porque el estremecimiento de la emoción me
corría por las espaldas. El padre, la madre y la hermana, desde la sonrisa
de sus labios, dijeron a la vez: -contad. Y el hermano pequeño contó: -Yo
también gané el tercer premio. Me dejaron tocar y toqué. ¡Si viese,
mi padre, que bien
me salió la alborada! -Pues ganaste un traje, rapaz. Aquella noche escuché
desde la cama como las mozas cantaban:
Toca,
gaiteiriño, toca,
meniñas,
correi a velo
que
é moita gaita a gaitiña
do
Gaiteiro de Soutelo"
Así remataba Castelao su reportaje que publicó en el Galicia de Vigo,
el 10 de agosto de 1924. La leyenda estaba lanzada, imparable. Los que
iban escuchando a Avelino iban contribuyendo a ella. Castelao no solamente
hizo de cronista. Vinculando sentimientos y artistas, pintó a Avelino de
gaitero, pero nada menos que con la cara de Rosalía en el fol de la gaita.
Tres símbolos de Galicia, unidos en el dibujo de Castelao, un símbolo
más.
Manuel García Barros escribe un largo poema titulado "O Gaiteiro
de Soutelo", publicado en la revista Vida Gallega, que recoge, igual
que Castelao, la expresión popular del reconocimiento de
excepcionalidad a favor de nuestro Gaitero. Los tiempos eran propicios para
el arte del gaitero. Graban en Ourense, en el año 1928, seis discos que
incluyen : La muiñeira
de Chantada, la Alborada de Rosalía, la muiñeira de Ponte
Sampaio, el fandango de Pontevedra, la marcha do Corpus de
Pontevedra, Viva Barriño de Arén, Eicho de dar queridiña,
la foliada de Luxán, la foliada rianxeira, las muiñeiras estroupele,
estroupele, Farruquiña, chaman á porta, la de Ourense y un
"pasacorredoiras", Volta da Festa. Quien no hubiese
podido escuchar en
vivo al Gaitero ya podía hacerse una idea de su arte mediante las nuevas técnicas. Pero
cuando podían, querían hacerlo en directo. Así
que había que llevar el sonido del gaitero de la leyenda a los gallegos que
habían tenido que emigrar. Argentina era el primer destino. La presentación
fue en el
Teatro Avenida de Buenos Aires el 28 de febrero de 1930. Los decorados eran
de Castelao y de Camilo Díaz Baliño. Y los gaiteros actuaron durante
un mes más. Tal era su éxito. Al poco tiempo mandaron para casa
20.000 pesetas. Com preámbulo de su visita, Avelino envió "O
noso saúdo", que evidencia su vena poética, dedicada a nobles
sentimientos: el habla y la tierra.
Airiños,
airiños, aires
quitadoiriños
de penas,
os
airiños de Bos Aires
irmáns
dos da miña terra.
Si
foran pedras os soños
dos
que atravesan o mar,
o
camiño da Galicia
sería
ben bó de andar.
Arxentino
que me escoitas,
o
mellor d-esta canción
é
que está feita na fala
en
que falaba Colón.
Da
miña terra che traio
as
rosas de máis feitizo:
os
pensamentos das nais
que
aquí teñen os seos fillos.
Si
hei morrer en terra allea
quero
morrer na Arxentina
en
onde sempre hai quen fale
na
fala da terra miña.
O
gaiteiro de Soutelo
no
ronco da gaita leva
o
berro de ¡Terra a nosa!
¡y-arde
o eixo, carballeira!
Además de Buenos Aires, Rosario, Córdoba y Montevideo ratificaron la
leyenda de los Gaiteros de Soutelo, en especial de su líder, Avelino,
el gaitero
por excelencia.
De vuelta a España, Bautista murió en el año 1933. La lucha civil los
sorprendió en Barcelona, mientras tocaban. La Cultural Obrera de Madrid
los trasladó a la capital para que levantaran los espíritus de las gentes en
lucha.
Camino de Berlín, donde iban a tocar en los Juegos Olímpicos, deciden
volver a la tierra, con dificultades, desde Bordeaux, por Lisboa, hasta que
llegaron a la frontera de Tui el primero de diciembre. Allí acabó, sin
duda, la
historia real de los Gaiteros. Castor, emigrado a Venezuela, siguió
formando gaiteros, pero Avelino, el mejor gaitero de Galicia, quedó
mudo para siempre.
Hasta el 13 de abril de 1972, en que murió su cuerpo, siguió haciendo
Galicia, pero ya sin el sonar de la gaita. Eso formaba parte de la leyenda,
y hoy se puede comprender que así surgiera al oír las reproducciones de
su
música. El hecho es que ya no volvió a tocar la gaita. Su silencio, por
lo que he deducido, estuvo causado por la misma guerra y las
circunstancias posteriores, pero también por la muerte, al nacer, del único
hijo que tuvo con su mujer, Josefa Cortizo Nogueira, y sobre todo, su musa
y compañera, que desde el año 46 penó una artritis
reumatoide.
Desde entonces el Gaitero recorrió otra vez Galicia, pero no para
descubrir sonidos casi olvidados, sino para mirar también dentro de su
corazón y percibir los ecos de una nueva voz, más fonda: la convicción
del alma inmortal, que le permite soñar o esperar el momento en el que
pueda volver a reunirse con su hijo y su mujer.
Meu filliño, subiches pro ceo
sin
darlle un biquiño a túa nai.
Agora
arrecadeas a naiciña,
e
na busca de ti ahí che vai...
Apértaa
e dalle o biquiño
e
colle a túa nai pola man.
Cando
me vexades chegar
aceneádeme
coa man.
Pedide
o noso Señor
que
eu vos poida atopar
alí
no meio da groria
¡podernos
os tres atopar!
Un cuarto de siglo desde que la familia del Gaitero me permitió ver
este y otros poemas inéditos, que reproduje en su biografía, y me
sigue pareciendo un poema de los más sencillos, y hondamente humanos, de
los que tengo conocimiento.
Fruto de esta concepción de la vida surge un pequeño libro de poemas, Voando
cas aas da vida, que publica él mismo, con prólogo de Ramón Otero
Pedrayo, y que incluye en la portada un mural con un hermoso dibujo de Lugrís.
Tengo dicho que sus poemas no son académicos, pero en ellos late hondamente
el ser gallego, esas vivencias colectivas que caracterizan un pueblo.
Carlos Núñez, su heredero, proclamó públicamente su respeto y reconocimiento
hacia el artista, al "Gaiteiro de Soutelo". En la presentación
en Santiago de su disco Os Amores Libres interpretó la muiñeira de
Chantada, "en homenaje al más grande de todos nosotros",
ante un silencio muy respetuoso, como si realmente fuese la resurrección
del arte del Gaitero. Porque el dejó dicho:
Eu, máis alá do morrere
rexurdirei
tocando a gaitiña
¡na
longa gaiola do vento
co
froleo da ialma miña!
Nosotros, que somos de su comarca, lo que le queremos agradecer, además
de su arte, es que fuese por el mundo llevando el nombre de Soutelo. Muchos
tuvimos la fortuna de conocer a Avelino Cachafeiro Bugallo, lo que nos
permite saber que vivió de verdad una leyenda. Porque él quiso ser, por
encima de todo, "O Gaiteiro de Soutelo".
* Xosé Manuel Rivas Troitiño:
O Gaiteiro de Soutelo (Unha expresión da cultura popular). 1977. Imp.
El Ideal Gallego. Reeditado en edición facsímile por el Ayuntamiento de
Forcarei en el año 1999, con motivo el Centenario de Avelino.
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