Web           realizada por: Javier Tato Arca sobre textos de Francisco Rozados           "Rochi". Fotografías de "Xoque" Carvajal,           Federico de la Peña, Manuel Barreiro e "Rochi".

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Fermín Cachafeiro, padre de Avelino y miembro de los "Gaiteiros de Soutelo"

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Foto familiar del año 1915, donde aparecen los padres y cuatro de los hermanos Cachafeiro

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Los "Gaiteiros de Soutelo", Avelino, Castor, Bautista y Fermín, en 1919

 

 

 

 

 

 

 

Biografía de Avelino, de X.M. Rivas Troitiño, autor también de esta colaboración (edición facsímile del Ayuntamiento de Forcarei)

 

 

 

 

 

 

 

 

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Avelino con su mujer, Josefa Cortizo

 

 

 

 

 

 

 

 

Avelino con su sobrino Maduro, ante la primera bomba de gasolina de Terra de Montes

 

 

 

 

 

 

 

 

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Caricatura de Avelino realizada por Castelao

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Libro de poemas de Avelino, del año 1969, prologado por Don Ramón Otero Pedrayo y con la portada de Lugrís.

 

 

 

 

 

 

 

 

  

Avelino Cachafeiro

traducción de la colaboración de x.m. rivas troitiño (biógrafo de Avelino) para la revista cotaredo en el centenario del gaitero

 

(Músico tradicional)

 

 

     -Entón, ¿vosé son bermellos?, le preguntó un policía en el puerto de Lisboa al más joven de los "Gaiteiros de Soutelo" cuando llegaban de Europa de vuelta a casa, mientras España estaba en guerra civil. -No señor, nosotros somos de Soutelo de Montes

     Esta es la cara que más es preciso subrayar de Avelino Cachafeiro Bugallo, proclamado el mejor gaitero de Galicia en el año 1924, en un concurso del que Castelao fue testigo. Porque Avelino, al fundar el grupo con su padre y su hermano Castor, escogió el nombre de "Gaiteiros de Soutelo". Renunció, de algún modo, a su identidad para adoptar la de su comarca.

     Ahora, 100 años después del nacimiento de Avelino, una de las figuras egregias de nuestra tierra, debemos recordar no solamente al gaitero que llevó su arte hasta 
América, sino también al empresario y al poeta. De su faceta de gaitero, conviene destacar que además de intérprete de excepción, se dedicó a recoger el folclore de la tierra y a componer. La Muiñeira de Chantada es un ejemplo de esa recuperación. Hoy resulta gratificante hablar de un artista de la gaita. Avelino soñaba con que la gaita pudiese llegar ala Universidad. Pero con toda probabilidad nunca pudo imaginar que en la aldea global en la que nos toca vivir, la gaita llegase a ser instrumento tan reconocido y de masas como lograron que lo fuese Carlos Núñez, Susana Seivane, José Luis Hevia...

     Para ser justos, el Gaitero de Soutelo tuvo casi tanta fama en su tiempo, no solamente en Galicia, sino en América, donde actuó triunfalmente en el teatro Avenida de Buenos Aires, posiblemente el escenario más llamativo en aquel entonces. Pero pienso que solamente dentro del mundo gallego. Hoy, y esa es una de las grandes diferencias, el sonar de la gaita sola o con otros diferentes sonidos y ritmos pertenece e interesa al mundo entero, es un fenómeno de masas, no sólo de los gallegos.

     Avelino nació el 26 de mayo de 1899, un año después de la fecha que señalo en mi biografía de el *. No recuerdo ahora de donde tomé la fecha del 98, que en cualquier caso no es la correcta, sino la que figura en la partida de bautismo. Nació a las once de la mañana, quinto hijo de Fermín Cachafeiro Balado, gaitero, y de Dolores Bugallo Paz. Sus ancestros eran todos de la Terra de Montes, de Sanguñedo por la parte del padre, y de Dúas Igrexas y Forcarei por la de la madre.

     La enseñanza musical debió de ser cosa de familia. Su abuelo Xoán Cachafeiro, gaitero, su padre, también. Según Sabela, hermana siguiente de Avelino, a la que seguirían Bautista y Víctor Castor, nuestro gaitero empezó a aficionarse a la gaita a eso de los doce años. Del abuelo había aprendido lo rudimentario de la técnica, y o demás lo fue conociendo a escondidas. Los montes de Soutelo, escribí en la biografía, fueron el conservatorio en el cual se formó el que sería virtuoso de la gaita, el lugar donde comenzó el diálogo entre instrumento e intérprete.

     Cuando el padre de Avelino, que cobraba seis pesetas por tocar en las fiestas, fue consciente del arte del hijo, le regaló las gaitas y se dedicó a tocar el bombo. Por si la gaita no llegase a ser suficiente fuente de ingresos, Avelino también aprendió el oficio de herrero en Carballás.

     Al remate de la I Guerra Mundial nace el grupo "Gaiteiros de Soutelo", del que Avelino sería el símbolo y el artista sin par, director y compositor. Gaitero sería también el hermano Castor. Bautista, otro hermano, cantaba de tenor y tocaba la caja, mientras el padre se hacía cargo del bombo y cantaba o bailaba. Andrea, tía de los jóvenes, los acompañaba con el pandero. Casi como en la cantiga popular:

   O gaiteiro toca a gaita,

a muller toca o tambor,

os fillos tocan o bombo

o can ládralle o roncón

 

     La fama del grupo empezó a crecer, y tuvieron la suerte de que un "mecenas" les regalase un viejo Ford para poder atender todas las llamadas en unos tiempos en que casi todos los municipios tenían gaitero titular. Pero los de Soutelo eran, al parecer, muy buenos, y para una fiesta al año bien se podía echar la casa por la ventana.  La verdad es que ellos sabían alegrar las fiestas: eran todo un show.

     Una circunstancia que pudo mermar no solamente el arte sino la vida de Avelino se resolvió a su favor, ya que, a la hora del servicio militar, en vez de tocarle para Africa fue excedente de cupo, tres meses después de ser enviado al Regimiento de Infantería de Ferrol. Enseguida fue nombrado gaitero de la Sociedad Artística de Pontevedra. Y por toda Galicia un nombre empezaba a sonar: el "gaiteiro de Soutelo" que, desde allí, tuvo la oportunidad de saltar a la fama. Estamos en 1924. Santiago, la capital de una Galicia que intentaba subrayar su diferencia, convoca en el mes del Apóstol un concurso para nombrar al mejor gaitero de Galicia. Primero se celebra uno literario, al que acuden gentes como Otero Pedrayo, Vicente Risco, Gómez Barros, Filgueira Valverde... y que gana Eladio Rodríguez González, con un poema que repetía "Todo o campo é unha oración".

     El día 28 había de empezar el concurso de gaitas, a las seis de la tarde en la plaza de los Literatos o de la Quintana, como también se llama. Llovía. En Santiago había nueve gaiteros tratando de luchar por los premios. Avelino tenía fama. Era alto, bien puesto, elegante, hablador y muy artista, sobre todo con su traje típico, calzón corto, roja montera y chaleco bordado.

     Para esta ocasión, uno de los grandes gallegos hizo de cronista: Castelao. "Mientras allá abajo bullen las gentes con acontecimientos inventados por los hombres, aquí en la montaña las gentes siguen bullendo con los acontecimientos de la Naturaleza. Un día de lluvia hace hablar más que un cambio de régimen político. En el concurso de gaitas de Santiago se presentaba el gaitero de Soutelo y este acontecimiento extraordinario preocupó a las gentes como si fuese un acontecimiento de la Naturaleza. Y se hablaba mucho y se hacían pronósticos. -Hoy es el día y el o gaitero bajó ya ayer. Un feriante dudó del triunfo, quizá porque allá en sus tiempos había escuchado a Ventosela... Y la gentes descorazonadas prepararon el espíritu para recibir la noticia de una injusticia. -Los premios se dan por empeños y el gaitero no los tiene. El día pareció durar mucho y todos teníamos un concurso de gaitas en la cabeza. ¡Qué regalía de los ojos si pudiésemos destapar las cabezas de toda esta gente!, porque es preciso no olvidar que los más originales decorados se crían en la imaginación inocente del pueblo aldeano. -¿Y si Avelino se corta? Mirad que tocar allí no es lo mismo que tocar en Soutelo". 

     En Santiago era fiesta, pero había también mucho rebumbio. Unos días antes había estado por allí el dictador Primo de Rivera. El alcalde dimitió cuando marchó el general; hacía poco tiempo que había quitado de su despacho los retratos de Montero Ríos y García Prieto. Como arzobispo estaba el gallego Manuel Lago González, poeta él mismo. El jurado estaba formado por Xosé Gómez Curros, Ricardo Fernández Carreira, que era el director de la Banda Municipal, y Esteban Mariño Caldelas, contador de la Liga que organizaba el concurso. El gaitero de Soutelo tenía a la sazón 24 años, y su hermano Castor 17. Algunos de los otros gaiteros debieron haber escuchado algún ensayo de Avelino, porque tres ya no se presentaron. Quedaban seis para tres galardones. El jurado, aunque los de Soutelo pensaran otra cosa, no era de los que regalaban premios. En el concurso de bailes habían dejado desiertos los dos primeros. Pero los de gaita los concedieron. El primer, cómo no, fue para Avelino, y 150 pesetas. Era la proclamación pública. Después de tocar la Alborada de Veiga y un "pasacorredoiras". Escritores, poetas, gallegos todos, se sintieron representados en aquel gaitero que tan bien hacía sonar el instrumento que él mismo definiría como escudo de Breogán, y que Otero Pedrayo resaltaría como el más recio y armonioso roble del bosque antiguo.

     El cronista Castelao recoge también la llegada a Soutelo. "Y en la tarde del siguiente día ahí viene Avelino con sus hermanos -todos vestidos al modo típico- tocando una muiñeira que le levantaba el rabo al mismo perro de San Roque. El padre del gaitero, en la puerta de la casa, echó un fuego. Avelino ganara el primer premio. -Bien lo decíamos: no hay quien pueda con el gaitero de Soutelo. Y las gentes de la montaña respiraron con orgullo. Yo entré con todos en la casa del Gaitero y sentí que también me tocaba parte del triunfo porque el estremecimiento de la emoción me corría por las espaldas. El padre, la madre y la hermana, desde la sonrisa de sus labios, dijeron a la vez: -contad. Y el hermano pequeño contó: -Yo también gané el tercer premio. Me dejaron tocar y toqué. ¡Si viese, mi padre, que bien me salió la alborada! -Pues ganaste un traje, rapaz. Aquella noche escuché desde la cama como las mozas cantaban: 

 

Toca, gaiteiriño, toca,

meniñas, correi a velo

que é moita gaita a gaitiña

do Gaiteiro de Soutelo"

 

     Así remataba Castelao su reportaje que publicó en el Galicia de Vigo, el 10 de agosto de 1924. La leyenda estaba lanzada, imparable. Los que iban escuchando a Avelino iban contribuyendo a ella. Castelao no solamente hizo de cronista. Vinculando sentimientos y artistas, pintó a Avelino de gaitero, pero nada menos que con la cara de Rosalía en el fol de la gaita. Tres símbolos de Galicia, unidos en el dibujo de Castelao, un símbolo más.

     Manuel García Barros escribe un largo poema titulado "O Gaiteiro de Soutelo", publicado en la revista Vida Gallega, que recoge, igual que Castelao, la expresión popular del reconocimiento de excepcionalidad a favor de nuestro Gaitero. Los tiempos eran propicios para el arte del gaitero. Graban en Ourense, en el año 1928, seis discos que incluyen : La muiñeira de Chantada, la Alborada de Rosalía, la muiñeira de Ponte Sampaio, el fandango de Pontevedra, la marcha do Corpus de Pontevedra, Viva Barriño de Arén, Eicho de dar queridiña, la foliada de Luxán, la foliada rianxeira, las muiñeiras estroupele, estroupele, Farruquiña, chaman á porta, la de Ourense y un "pasacorredoiras", Volta da Festa. Quien no hubiese podido escuchar en vivo al Gaitero ya podía hacerse una idea de su arte mediante las nuevas técnicas. Pero cuando podían, querían hacerlo en directo. Así que había que llevar el sonido del gaitero de la leyenda a los gallegos que habían tenido que emigrar. Argentina era el primer destino. La presentación fue en el Teatro Avenida de Buenos Aires el 28 de febrero de 1930. Los decorados eran de Castelao y de Camilo Díaz Baliño. Y los gaiteros actuaron durante un mes más. Tal era su éxito. Al poco tiempo mandaron para casa 20.000 pesetas. Com preámbulo de su visita, Avelino envió "O noso saúdo", que evidencia su vena poética, dedicada a nobles sentimientos: el habla y la tierra.

 

Airiños, airiños, aires

quitadoiriños de penas,

os airiños de Bos Aires

irmáns dos da miña terra.

Si foran pedras os soños

dos que atravesan o mar,

o camiño da Galicia

sería ben bó de andar.

Arxentino que me escoitas,

o mellor d-esta canción

é que está feita na fala

en que falaba Colón.

Da miña terra che traio

as rosas de máis feitizo:

os pensamentos das nais

que aquí teñen os seos fillos.

Si hei morrer en terra allea

quero morrer na Arxentina

en onde sempre hai quen fale

na fala da terra miña.

O gaiteiro de Soutelo

no ronco da gaita leva

o berro de ¡Terra a nosa!

¡y-arde o eixo, carballeira!

 

     Además de Buenos Aires, Rosario, Córdoba y Montevideo ratificaron la leyenda de los Gaiteros de Soutelo, en especial de su líder, Avelino, el gaitero por excelencia.

     De vuelta a España, Bautista murió en el año 1933. La lucha civil los sorprendió en Barcelona, mientras tocaban. La Cultural Obrera de Madrid los trasladó a la capital para que levantaran los espíritus de las gentes en lucha.

     Camino de Berlín, donde iban a tocar en los Juegos Olímpicos, deciden volver a la tierra, con dificultades, desde Bordeaux, por Lisboa, hasta que llegaron a la frontera de Tui el primero de diciembre. Allí acabó, sin duda, la historia real de los Gaiteros. Castor, emigrado a Venezuela, siguió formando gaiteros, pero Avelino, el mejor gaitero de Galicia, quedó mudo para siempre.

     Hasta el 13 de abril de 1972, en que murió su cuerpo, siguió haciendo Galicia, pero ya sin el sonar de la gaita. Eso formaba parte de la leyenda, y hoy se puede comprender que así surgiera al oír las reproducciones de su música. El hecho es que ya no volvió a tocar la gaita. Su silencio, por lo que he deducido, estuvo causado por la misma guerra y las circunstancias posteriores, pero también por la muerte, al nacer, del único hijo que tuvo con su mujer, Josefa Cortizo Nogueira, y sobre todo, su musa y compañera, que desde el año 46 penó una artritis reumatoide.

     Desde entonces el Gaitero recorrió otra vez Galicia, pero no para descubrir sonidos casi olvidados, sino para mirar también dentro de su corazón y percibir los ecos de una nueva voz, más fonda: la convicción del alma inmortal, que le permite soñar o esperar el momento en el que pueda volver a reunirse con su hijo y su mujer.

 

   Meu filliño, subiches pro ceo

sin darlle un biquiño a túa nai.

Agora arrecadeas a naiciña,

e na busca de ti ahí che vai...

Apértaa e dalle o biquiño

e colle a túa nai pola man.

Cando me vexades chegar

aceneádeme coa man.

Pedide o noso Señor

que eu vos poida atopar

alí no meio da groria

¡podernos os tres atopar!

 

     Un cuarto de siglo desde que la familia del Gaitero me permitió ver este y otros poemas inéditos, que reproduje en su biografía, y me sigue pareciendo un poema de los más sencillos, y hondamente humanos, de los que tengo conocimiento.

     Fruto de esta concepción de la vida surge un pequeño libro de poemas, Voando cas aas da vida, que publica él mismo, con prólogo de Ramón Otero Pedrayo, y que incluye en la portada un mural con un hermoso dibujo de Lugrís. Tengo dicho que sus poemas no son académicos, pero en ellos late hondamente el ser gallego, esas vivencias colectivas que caracterizan un pueblo.

     Carlos Núñez, su heredero, proclamó públicamente su respeto y reconocimiento hacia el artista, al "Gaiteiro de Soutelo". En la presentación en Santiago de su disco Os Amores Libres interpretó la muiñeira de Chantada, "en homenaje al más grande de todos nosotros", ante un silencio muy respetuoso, como si realmente fuese la resurrección del arte del Gaitero. Porque el dejó dicho:

 

   Eu, máis alá do morrere

rexurdirei tocando a gaitiña

¡na longa gaiola do vento

co froleo da ialma miña!

 

     Nosotros, que somos de su comarca, lo que le queremos agradecer, además de su arte, es que fuese por el mundo llevando el nombre de Soutelo. Muchos tuvimos la fortuna de conocer a Avelino Cachafeiro Bugallo, lo que nos permite saber que vivió de verdad una leyenda. Porque él quiso ser, por encima de todo, "O Gaiteiro de Soutelo".

 

 

        *  Xosé Manuel Rivas Troitiño: O Gaiteiro de Soutelo (Unha expresión da cultura popular). 1977. Imp. El Ideal Gallego. Reeditado en edición facsímile por el Ayuntamiento de Forcarei en el año 1999, con motivo el Centenario de Avelino.

     

 

 

 

  

 

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