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Los
padres de Virxilio, José Blanco y Manuela Garrido

Cuadro
en el que el pintor retrata a su familia (1927)

El
pintor en el año 1923

Lembranza
del pintor, recogida por el cronista Rodríguez Fraiz

"Catedral
de Santiago desde la Alameda", óleo propiedad de don Francisco
Fernández del Riego

Portada
del libro sobre Virxilio editado por la Diputación de Pontevedra.

Virxilio
Blanco, en otra fotografía de juventud

José
Raposeiras, autor de la biografía del pintor y presqueirense como él

Libro
de José Raposeiras sobre la vida y obra de Virxilio

"Abedules",
óleo de 1931, hoy en el Museo de Pontevedra
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Virxilio Blanco
traducción
de la Colaboración
de José RAposeiras para la revista cotaredo
EL
COMPROMISO ÉTICO Y ESTÉTICO EN LA OBRA DEL
PINTOR DE PRESQUEIRAS: VIRXILIO
BLANCO GARRIDO
Si Virxilio fue
pintor por obra y gracia de su tiempo, fue pintor gallego por virtud de
raíz, sensibilidad y buen gusto. En la Terra de Montes anduvo
procurando el
artista los materiales mejores que imprimieron carácter a su obra pictórica.
Aunque pasó muchos años en la emigración, se reintegró a Galicia para
consagrarle sus mejores esfuerzos. Dio a conocer nuestra tierra en todos
los parajes a donde iba, donde trabajaba o participaba, pincelando retratos
de vecinos y de familiares, aspectos sociales y folclóricos, paisajes o incluso
la casa donde nació (“A casa de Garrido”), de la Exposición
Salón de Otoño 1924, cuadro que aparece en la enciclopedia “Cien años
de pintura en España y Portugal, 1830-1930”, de la Real Academia de San
Fernando.
El artista observaba la realidad y luego le permitía a su
fantasía trabajar con ella. Respondía a su entorno haciendo de la propia
imaginación algo visible, legible, tangible o compartible,
representando la vida e identificándose con ella.
PINCELADAS
BIOGRÁFICAS
En el seno de una familia campesina en la que se cuentan artistas
de la piedra, maestros y clérigos, nace una persona que se convertiría –en
el decurso del tiempo– en uno de los más destacados pintores gallegos
de la primera mitad del siglo XX: Virxilio Blanco Garrido. Esto sucedía un 27 de
noviembre del año 1896, cuando “vio la luz” por vez primera en la parroquia de San
Miguel de Presqueiras –lugar de Guisande–, del ayuntamiento pontevedrés
de Forcarei. Virxilio era el quinto de cinco hijos (dos varones y tres
mujeres) del matrimonio formado por Xosé Blanco Arén y Manuela Garrido
Roubín. Tal y como nos comentan los que lo conocieron, era un niño
menudo y de ojos azules.
Este hombre humilde que, saliendo casi de la nada llegó a situar
su nombre entre los más grandes representantes de la plástica gallega,
estuvo siempre comprometido con Galicia, a la que siempre consideró en
su
obra. Al margen de su reconocida categoría como pintor, constituye
ante todo un ejemplo de las ansias de superación y de tenacidad. En todo
caso siempre existió en el una cierta inadaptación socio-cultural y familiar,
lo que repercutiría bastante en su personalidad:
introvertido, tímido y reservado.
De un modo cronológico, citamos los siguientes acontecimientos
significativos a lo largo de su vida:
-
La emigración: Este hecho iba a ser el que marcaría su
futuro. A los 16 años y por obligación, tuvo que “coger las maletas” para
poder “ganar el pan”. Como la mayor parte parte de los hombres de la Terra de
Montes, en aquellos momentos, parte primero para Buenos Aires, donde
trabajó
de "listero" y luego para Cuba –en el año 1912– con la pretensión de poder
llegar al norte (E.E.U.U.). Esto último no lo consiguió y tuvo que
quedarse en Cuba. En esta isla antillana, al comienzo, trabajó de
camarero en el poblado de Victoria de las Tunas (provincia de Oriente).
Cuatro años más tarde se asienta en La Habana, deseoso de adquirir cultura
y perfeccionar sus aptitudes para triunfar en la vida. A mi modo de
ver, en este caso, de la emigración surge la oportunidad de que este
hombre se
pudiera dedicar a algo que llevaba dentro: una verdadera vocación por
la pintura. Sus cualidades innatas se pudieron hacer realidad y, a partir
de la emigración supo aprovechar las oportunidades
que se le presentaron.
-
La Academia de Arte: En La Habana comienza a trabajar, en
una tienda de confección para hombres, primero como dependiente y luego de
sastre y diseñador, gracias a sus buenas condiciones como dibujante. En
el año 1918 ya compaginaba trabajo y estudio, al ser premiado –por su
buen comportamiento laboral– para asistir a la escuela y a la Academia de
Arte de La Habana.
-
El Centro Gallego de La Habana: Este centro pasa a ser el
gran referente durante la década de los años veinte. Aquí presenta su
primera exposición (1923), coincide con el pintor Laxeiro, le conceden
una pensión para estudiar tres años en la Real Academia de Bellas Artes de
San Fernando en Madrid (1924-1927). Hace una segunda exposición en el
citado Centro Gallego de La Habana y de nuevo, este centro, le otorga
otra beca. Así, viaja a París –donde conoce a Miró y a Picasso–
a partir del año 1927.
-
Las Bolsas de la Diputación Provincial de Pontevedra: En
el año
1930 obtiene la primera Pensión, que le permite volver a París. (Sesión
del 29-12-1930: subvenciones de 2.250 pts. de enero a septiembre de 1931,
a cuatro pintores, entre ellos Virxilio, tal y como consta en el Libro de
Actas de la Comisión Permanente de 1930).
En 1931, al no renovársele la Pensión de la Diputación, abandona
París. Dado que siempre estuvo muy ligado a la cultura gallega en todas
sus facetas, funda en Forcarei –junto con Caldera Manzano
(Director/Administrador)– una revista de carácter municipal:
“Revista Alborear”, de la que sería Redactor Artístico, caracterizándose
por su talante católico-galleguista, acorde con el espíritu
liberal-conservador del pintor. Según Rodríguez Fraiz, se proponían
como objetivos de la citada revista –entre otros– el combatir la
politiquería, el caciquismo, el favoritismo y otras lacras de ese estilo
que empobrecían y envenenaban la vida de las pequeñas villas de aquel
entonces. Además participaba en las tertulias artísticas e intelectuales
de los cafés
Moderno, Méndez Núñez y Savoy de Pontevedra y del Derby de Vigo.
Castelao lo animaba para que hiciese exposiciones y para que se moviese
en los
círculos intelectuales de Galicia, sirviéndole de guía en muchas
ocasiones. Ya en el año 1932, recupera la Beca de la Diputación de Pontevedra
y se traslada
a Madrid, según aparece en el Libro de Actas de la Comisión Gestora de
1932.
-
La Guerra Civil Española: También significó para el un parón
en su actividad. Se aprecia claramente un antes y un después en su
vida. Los tiempos correrían otra suerte a partir del año 1936. Siguió
dedicándose a la pintura, pero vivir de ella era prácticamente imposible. Soñaba
con volver a París y deseaba que acabaran esas malditas guerras (como
el les llamaba), refiriéndose también a la Segunda Guerra Mundial.
-
La década de los 40: Se caracteriza por los difíciles años
de la
posguerra, problemas económicos, aislamientos, inadaptación y preocupación
por su enfermedad. Asiste a las conversaciones con Torres, Maside, Laxeiro,
Pesqueira, Ramón Peña... Ya delicado de salud, quedó para siempre en
Galicia. En esta época, la Terra de Montes y sus campos de Presqueiras
fueron los bienqueridos. Aquí, más sosegado –cuando su enfermedad lo
dejaba– fue estudiando las tonalidades del paisaje gallego, alcanzando
su obra una madurez extraordinaria con matices y tonos necesarios y muyi
personales, además de un profundo sentido del color. Residiría
fundamentalmente en el lugar de Guisande, sin dejar de viajar y de pasar
largas estancias en Pontevedra, Vigo, Santiago, Madrid y en la Terra de
Montes –siempre que podía–, pues en aquel entonces vivir de la pintura
parecía
toda una utopía. De todas maneras, fue una lástima que su vida fuera tan
corta, ya que –por obra del bacilo de Koch– murió alos 51 años en
el mismo lugar de su nacimiento, el 24 de junio de 1948. Su corazón deja de
latir en lo mejor de su vida artística y en la plenitud de su quehacer creativo, de
ahí que su obra no fuese muy abundante. De todos modos –aún hoy– existen
cuadros que no están catalogados, como
“El Rebullón” de la pintora viguesa Mª Isabel Pérez Sánchez “Baley”,
“Pepe de Garrido” (el padre del pintor, propiedad de unos vecinos de
Carballiño) o “El retrato de Isabel” (obra que quedó incompleta y
que con toda seguridad fuese la última que estaba pintando, propiedad de
una vecina de Pontevedra, natural de Cerdedo). Esperamos también la
recuperación de otros cuadros, desaparecidos o no localizados aún en
los E.E.U.U. y en Cuba. Desde el fallecimiento de Virxilio le hicieron –a
título póstumo– las siguientes muestras de admiración:
o
Exposiciones (con compra y venta de cuadros), en el
Casino Mercantil de Pontevedra y en la Sala Velázquez instalada en el
edificio del Teatro Cine Fraga de Vigo, ambas en los años 50.
o
Homenaje en el vigésimo séptimo aniversario de
su muerte en San Miguel de Presqueiras. En la tarde del 21 de junio de 1975
y en un emotivo acto, le dedicaron la “lauda” actual (de granito) un grupo de artistas, poetas,
periodistas, maestros, admiradores y
amigos de Pontevedra, de Vigo, de Santiago, de la Terra de Montes y de
otras villas de Galicia.
o
Bienal de Arte 1994 de la Diputación Provincial de
Pontevedra. En palabras del Director del Museo Provincial –Carlos
Velo– la exposición de Virxilio Blanco, integrada en la citada Bienal de
Arte, se considera como la más importante de las que se le hicieron hasta
hoy. Se confeccionó un inventario de 80 obras, reuniendo para la
mencionada exposición 55 cuadros. Los organizadores de la Bienal comentaron
que esta muestra antológica dedicada al pintor, en el verano de 1994 en
Pontevedra (edificio Sarmiento del Museo Provincial), constituyó el gran
homenaje que le debía su tierra, recuperando la mayor parte de su
obra (muy diseminada en fondos museísticos y colecciones particulares)
para la historia del arte gallego del siglo XX.
o
Conmemoración del primer centenario de su nacimiento
(27 de noviembre: 1896-1996): El domingo día 1 de diciembre de 1996:
colocación de placas conmemorativas en la casa donde nació y en la Casa
de la Escuela de Guisande, misa en la iglesia parroquial y ofrenda floral
en su
sepultura, remantando los actos con una glosa a la figura del pintor.
Participaron en esta lembranza, además de la corporación
forcareiense, los vecinos y vecinas de Presqueiras, familiares, los gaiteiros de Soutelo,
amigos y simpatizantes de la Terra de Montes, artistas... Estos actos iban
a ser el preludio de otros más que ya se llevaron a cabo, tal es el caso
de la
dedicación del nombre de Pintor Virxilio Blanco a una calle en la
ciudad de
Vigo.
o
Recuerdo-homenaje de la Asociación “Amigos da Terra de
Montes”: El sábado 9 de agosto de 1997. Tras la conferencia sobre
la
emigración pronunciada por el Presidente del Museo do Pobo Galego, don Antón
Fraguas, en el Ayuntamiento de Beariz (Ourense), además de otros actos que
tuvieron lugar a lo largo de la jornada, los “Amigos da Terra de Montes”
que compartieron su juntanza anual, se trasladaron –finalizando así
con el programa de actos del citado día– al pié del sepulcro de Virxilio
Blanco. Allí, y como un reconocimiento más de la Asociación al artista,
le descubrieron una placa de bronce en su honor. Se continuaba así con
la celebración del primer centenario de su nacimiento, dirigiéndosele
también unas palabras de homenaje.
Virxilio:
Maestro del arte / Maestro de la vida
“Un pintor es grande no en sus dedos, sino en su corazón y
su alma” T.
Vrettos.
Este hombre que aparece citado por primera vez en una Historia del
Arte Gallego, la de Estévez Ortega (página 11) en el año 1930, pertenece
a la Generación de pintores nacidos sobre el 1885, los que estarían de
lleno en el
mundo vivencial de la Xeración Nós. Un grupo de pintores en el que aparecen
Maside, Souto, Laxeiro, Colmeiro, Fernández Mazas, Torres, etc., destacándose
por su compromiso ético y estético con lo galaico además del galeguismo.
Todos ellos aparecieron con un auténtico afán renovador, dando muestras
de una verdadera conciencia de su responsabilidad.
El interés de Virxilio Blanco –autodidacta en el arte y en la vida–
por el arte y por la cultura gallegos se plasmó a la perfección en las numerosas
iniciativas que emprendió o auspició en relación con la desbordante
riqueza que en ese ámbito tení su Galicia natal. Buscó siempre el
arraigo en su tierra pero con apertura al arte vanguardista europeo. Fue un
hombre preocupado por integrarse plenamente a Galicia y al
arte gallego en la modernidad. Dificílmente se pueda discutir su ejemplar dedicación a esa
noble tarea –tal y como hoy nos consta– teniendo en cuenta además que, con toda
seguridad, tendría que luchar
contra bastantes presiones e incomprensiones.
Al analizar detenidamente el trabajo artístico de Virxilio Blanco,
podemos concluir diciendo que es uno de los principales renovadores de la pintura
gallega aunque –debido a su prematura muerte y a lo disperso y poco accesible
de su obra– pasó demasiado tiempo casi desapercibido o mal interpretado
por nuestra crítica de arte. No hay duda del carácter
íntimo así como del impulso renovador influenciado en el fauvismo francés.
Poco a poco se fue apartando de la orientación folclorista de su
formación, con las imprescindibles referencias al pasado pero dándole
siempre un carácter personal a su pintura (López Vázquez, 1998). Su
obra tiene una intensidad muy comunicativa en la expresión de los
sentimientos:
alegrías, tristezas, estados de ánimo, galeguismo...
René Monclair, crítico francés, opinaba al respecto que
“su obra va presidida por una firme valentía en su interpretación
de la vida, dándole a ésta un fondo humano de gran realismo”.
Tal
y como se comenta en la “Historia del Arte Gallego” de Vázquez Varela
y otros (1982): “Sus paisajes hechos con pincelada pastosa y pequeña
y un pálido cromatismo, poseen un halo poético que transfigura la
naturaleza gallega en la que se inspira.. Este es el caso de los cuadros
titulados: Paisaje de alta montaña, Paisaje de Santiago, Barco, etc,
evolucionando hacia colores máis intensos y ornamentales como en Jardín
de Luxemburgo, en los que su factura impresionista tiende a un colorido
máis intenso, siendo difícil de delimitar lo que tienen de modernismo
o de fauvismo”.
Aquí, en Presqueiras, una de las personas que lo trató personalmente
fue, entre otras, el finado de mi tío José María Rivas
Blanco. Contaba éste la anécdota de una Nochebuena del año 1928. Virxilio
tenía pintado en la pared el lema “Todo pasa” y al preguntarle que
quería decir con eso, le respondió que nunca había pasado una Nochebuena
solo;
era la primera y alguna vez tenía que acontecer. Por eso lo puso en la
pared, ya que se divertía pintando y relacionando la pintura con sus
sentimientos.
Don Francisco Fernández del Riego, contando tan sólo con 22 años,
pronunció una conferencia sobre los pintores de la época, entre ellos
Virxilio Blanco, que fue cuando lo conoció personalmente. La conferencia
está publicada en la Revista Nós (marzo de 1935). En el mes de noviembre de
1996 tuve la oportunidad de conversar con este ilustre miembro de la Xeración
Galaxia. Entonces me comentaba que Virxilio era un hombre de una calidad
humana extraordinaria, amigo verdadero de los amigos, persona introvertida,
un gran galeguista de emoción y de conducta. Al igual que Laxeiro, era
un rebelde frente a la línea academicista: su modo de hacer arte era
instintivo, obedecía a determinadas posturas personales. En el nivel artístico
lo considera como un gran interpretador del paisaje, con matices y tonos
necesarios y muy personales; un profundo sentido del color. Según el,
no
ve dentro de la pintura gallega un hombre de características semejantes.
El promotor de la creación de las Irmandades da Fala, Antón Villar
Ponte, en una primera página del desaparecido periódico vigués “El
Pueblo Gallego”, un 27 de noviembre del año 1935 (justo el día del 39º
cumpleaños de Virxilio) y con motivo de una exposición del pintor de la
Terra de Montes en A Coruña, nos decía entre otras cosas que: “A
los que tanto amor sentimos por Galicia y tanto interés tenemos por
destacar sus valores personales y colectivos de todo orden, la Exposición
de Virgilio Blanco nos produjo verdadera alegría, ya que como buen
artista gallego –de alma y de temperamento– pinta personas y cosas
de cualquier país”.
En relación al periodista y poeta Roberto Blanco Torres, a quien
se dedicó el Días das Letras Galegas en 1999, cabe subrayar aquí la
tarea galeguizadora de un grupo de hombres que coincidieron en los mismos
años y en la misma emigración y que prosiguieron en La Habana la trayectoria
marcada por Curros Enríquez. Estamos hablando, tal y como tanto se
escribió, de los hombres que participaban en las tertulias de la tarde
en el cabe habanero “La Puerta del Sol” –cofrades del cenáculo conocido
como la “Cova Céltiga”–, artistas e intelectuales gallegos del
momento: Ramón Cabanillas, Villar Ponte, los músicos “Chané” y Ricardo Fortes,
los poetas y periodistas Ángel Lázaro Machado, Julio
Sigüenza, Waldo Álvarez Insua, Roberto Blanco Torres, y el propio
pintor Virxilio Blanco Garrido, quien se incorporaba así a la
intelectualidad emigrante.
Después de varias conversaciones mantenidas con muchos de sus amigos que
lo conocieron, de estas tierras o de otras donde el se relacionaba, podemos
afirmar que Virxilio era un hombre de una calidad humana extraordinaria,
amigo verdadero de los amigos, persona introvertida, galleguista de emoción
y de conducta. Un gran artista de corazón. Tal vez olvidado por algunos...
A modo de remate quiero hacer alusión a un escrito de su
compañero
Laxeiro, publicado en la Revista Galicia Emigrante de mayo del año 1957.
Este escrito (del que conservo copia facilitada por el propio Laxeiro en
una
entrevista mantenida con él el 7 de junio de 1995, en Vigo), se titula Los
amigos se van y los recuerdos quedan: “Virgilio Blanco, te fuiste pero
tu recuerdo no desapareció en mi. Te sigo viendo en mi imaginación.
Alguna vez te veo en la clase de dibujo en el Centro Gallego de La
Habana... Yo era un chico de 16 años. Con que alegría fuimos todos los
alumnos de dibujo y pintura del plantel de enseñanza Concepción Arenal
del Centro Gallego a despedirte al muelle de La Luz. El Centro te había
concedido una beca para que te perfeccionaras en Europa... Tú eras el
mejor alumno de la clase. Todos te teníamos un gran respeto y admiración.
Trabajabas de día en la tienda El Encanto y de noche ibas a clases de
dibujo y pintura...”.
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