Web           realizada por: Javier Tato Arca sobre textos de Francisco Rozados           "Rochi". Fotografías de "Xoque" Carvajal,           Federico de la Peña, Manuel Barreiro e "Rochi".

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Chano Piñeiro en su adolescencia

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En el rodaje de "Mamasunción"

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Mariluz Montes, la esposa de Chano, en su adolescencia

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Chano niño, en Forcarei

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El señor Manuel Barreiro, proyeccionista del cine "Colón"

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

"Mamasunción", la anciana que dio la vuelta al mundo

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Doña Soledad Martínez, madre de Chano y esposa del farmacéutico de Forcarei, don Manuel Piñeiro.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Con amigos de Forcarei, durante una nevada, en los años 60

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En el rodaje de "Esperanza"

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cartel de "Esperanza", patrocinada por el Ayuntamiento de Vigo

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

CHANO.JPG (26944 bytes)

 

Caricatura de Chano, del ilustrador Siro

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

En el rodaje de "Sempre Xonxa", mirando a Aurora Redondo

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Una de las más célebres imágenes de la película "Sempre Xonxa"

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Uxía Blanco, la protagonista de "Sempre Xonxa"

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El emotivo cartel de "Sempre Xonxa"

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Pablo Barreiro e X.L. Rivas Cruz componen la música de "Mamasunción"

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Vidal Bolaño en el papel de don Xosé Luis, el maestro de Trasdomonte

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La Ossa VI del cine "Colón" de Forcarei, la máquina que abrió a Chano los ojos del cine

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Caladiño, el loco maravilloso de la fragua de Trasdomonte

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Affiche de una escena de "Sempre Xonxa" rodada en el puerto de Vigo

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Portada de la biografía de la que se extrajeron estos textos, de Francisco Rozados "Rochi", publicada por Edicións Fervenza

  

Chano Piñeiro

traducción íntegra del libro "chano piñeiro", de francisco rozados "rochi"

 

INTRODUCCIÓN

     Para presentar la figura de Chano a quien no la conozca es suficiente con recurrir a una de sus frases más conocidas: "Hacer cine en Galicia es posible, hacer cine en gallego es necesario". Pidiendo prestado el inicio del prólogo de un libro clave para entender la vida y obra de Chano, "Chano Piñeiro, unha historia do cinema galego", del crítico y periodista Xoán Acuña, podemos desvelar que "Chano Piñeiro representa como nadie la obsesión por lograr un cine propio para Galicia. De haber pensado en la utopía imposible, valga la redundancia, quizás nunca se habría puesto manos a la obra. Se puso, luchó y demostró, con Mamasunción, con Sempre Xonxa, que también puede existir un cine gallego. Y universal. Chano comprendió que precisamente en el "localismo" bien entendido se encuentra la esencia de la universalidad". Porque Chano también pensaba que la única manera de ser universales es ser profundamente gallegos, de la misma manera que para el gran maestro de cine ruso —profundamente humano y humanista— Andrei Tarkovski, "el absoluto se realiza y se expresa en lo particular".
     Yo nací en una casa muy cercana a la de Chano Piñeiro (el vivía en el 49 e yo en el 52 de la calle Progreso). Fui, por lo tanto, vecino y amigo de Chano, aunque nos separaban nueve años, e también de su padre, el farmacéutico de Forcarei durante más de tres décadas, que era amigo íntimo de mi padre. Tuve, pues, la suerte de compartir momentos de la vida de ese gallego de los "bos e xenerosos" que fue Chano Piñeiro. Por eso me llenó de satisfacción la propuesta del buen amigo Xosé Luna de tratar de escribir este pequeño libro sobre un hombre a quien, por encima de la vecindad, de la amistad y del común amor a Forcarei, admiraré siempre mientras viva.
     Es ahora Chano quIen habla, en un libro que parece más bien una ventana a la fantasía ("A luz dun soño e outros textos de cine"): "Así pues, pasé mi infancia en Forcarei, los diez primeros años. Non sé quien dijo "mi patria es mi infancia". Tenía razón". Esa infancia pasada en Forcarei marcó, de manera esencial y vivencial, toda la concepción de la vida rural y profundamente gallega que Chano desplegó en su obra cinematográfica —algún crítico, creo que injustamente, le achacaría más tarde el recurso a la descripción del rural como representación de la Galicia entera—. Pero esa concepción no se dio sólo en su cinematografía, sino también en su obra escrita, donde se nos manifestó como un consumado narrador lleno de ironía, en la mejor línea de la retranca cunqueiriana. De esta faceta hablaremos luego, pero podemos adelantar, precisamente de la mano del esclarecido mindoniense, que "... el hombre gallego, en su tierra tan antigua y trabajada, de tan largo matrimonio con el humano hacer, de tan patente y cotidiana respuesta a las labranzas y a los días, conoce y concede más que cualquier otro hombre. Tanto conoce y concede que Ie parece ver a Galicia como si fuese una persona. La relación del gallego con su tierra adquiere así un carácter más íntimo y subjetivo, más intuitivo que reflexivo, más, pues, en el campo de la creación poética que en el de la estimativa lógica". Así, lealmente, entendía Chano la profunda y ancestral vida rural, de la que siempre se mostró enamorado —"yo soy un aldeano, para bien o para mal" es otra de sus frases categóricas por la que percibimos al Chano arraigado y comprometido con su tierra y con su cultura—.
     Pero Chano Piñeiro, a quien Miguel Anxo Fernán-Vello calificó con mucho acierto de "Lumière de nós" —por proveernos de un cine "medido en ferrados de corazón"—, es conocido, sobre todo, como un pionero fundamental, como el Griffith del cine gallego, salvando todas las distancias que haya que salvar y sin menospreciar al seminal Carlos Velo.
     Volviendo a la relación que nos unía —causa ex corde de que este libro fuese concebido—, compartí con el, con nueve años de diferencia como ya he dicho, vecindad de barrio, maestra de primeras letras, el cine "Colón", la pasión por Forcarei y por la aldea ancestral, el bachillerato en el colegio San Narciso de Marín, la locura cinéfila y el recuerdo de los últimos años de vida de Paco Farria y de la señora María Rosa "da Regueira", mudada con los años en la Mamasunción cinematográfica que paseó a Forcarei, también encarnado en Baíste, por el mundo adelante. Otro aspecto fundamental que compartimos fue el mundo de la infancia. Sempre pensé que Chano se entendía mejor con los niños que con los adultos, y también que los entendía mejor de lo que los adultos acostumbran a entender a los niños. La infancia juega un papel primordial en la concepción de su obra, de sus guiones.
     Compartimos también algunos momentos intensos en los últimos años que a él le tocaría vivir, y que me hicieron redescubrirlo con aquella pasión creadora —pasión enfermiza por encima de la propia enfermedad—, demostrándome que el corazón y la voluntad de un hombre pueden más que todas las adversidades y, sobre todo, con aquel fardo enorme de humanidad que rebosaba de su cuerpo débil como el monte Candán —grande para nosotros, pero pequeño en la inmensidad azul— rebosa de luz en los amaneceres de verano.
     Fué un verdadero placer sumergirme en los apuntes, libros, revistas, periódicos, correspondencia personal y fotografías —que generosamente me prestaron Mariluz Montes y Manuel Barreiro— de Chano, para poder confeccionar este libro que sólo intenta enriquecer un poco la memoria de un amigo, de un creador, de un luchador, de un hombre en el fondo sentido de la palabra. Sencillamente, para contribuir, en la modestia de estas líneas, a perpetuar el recuerdo de ese "dulce envento humano" que fué Chano.
     Antes de seguir adelante, debo también aclarar que un no demasiado rígido ordenamiento en el hilo cronológico, por el constante recurso a idas y vueltas en el tiempo —en términos cinematográficos deberíamos hablar de flash-backs y flash-forwards, o de narración invertida y de encadenados, incluso de digresiones temporales— intenta imprimirle a esta obra una mayor aproximación al trabajo concreto naciente de cada situación, intentando ahondar y dialogar in extenso con cada concepto que vaya surgiendo en torno a Chano y a su obra antes que seguir una línea continua de sucesos, toda vez que en el final de la misma se puede seguir, si esa fuese la intención del lector, una cronología ordenada y relativamente densa, por no aludir a la existencia de otras publicaciones con exposición más lineal sobre la vida y la obra de Chano.

 

UN ESPACIO: TRASDOMONTE. UN TIEMPO: LA INFANCIA

    Tengo para mí que lo mucho que Chano tenía de "renacentista" lo aprendió en la casa del señor Manuel Barreiro, la casa en la que el se crió antes de venir a vivir al barrio de la "Traleira", que así llamamos los del barrio de abajo de Forcarei a nuestro territorio vivencial. El barrio de la Traleira tiene su origen en el nombre que se le daba a ese paraje incluso antes de haber allí no más de dos casas —cuando el núcleo de Forcarei aún era llamado Cotaredo—, y hoy tiene perfecta radicación en el entendimiento de los forcareienses al ser identificado por la fuente que lleva el mismo nombre. El paraje tiene un capítulo sobresaliente en la historia de Antón Alonso Ríos, aquel "siñor Afranio" que, perseguido en la guerra civil, había venido a esconderse en el barrio de Sorribas, siendo protagonistas —las fincas de la Traleira— de la "historia de los marcos de la Dosinda". Por el camino que llevaba a la fuente también tenía su morada el personaje figurante que aparece en "Sempre Xonxa" desde el balcón en una silla de ruedas. Se llamaba también Manuel Barreiro y permaneció inválido alrededor de cuarenta años antes de morir (el mismo período de tiempo que Mamasunción acudiera a la oficina de Correos en busca de las ansiadas noticias de su hijo. A veces, el "tempo" lento de la aldea se enquista caprichosamente en algunas situaciones para hacerlas casi eternas). Este Manuel Barreiro no tenía, a pesar del nombre y del apellido, relación de parentesco con el cartero que se daría vida a sí mismo en el cortometraje "Mamasunción", pero era otro de los personajes ubicuos de su niñez, y también de la mía. Una secuencia del guión original de "Sempre Xonxa", luego modificado varias veces, proponía: "SECUENCIA 7: Casa hombre inválido. Exterior día. Un hombre mayor está sentado en una silla para "inútiles". Tiene las piernas tiesas, los pies cruzados extrañamente, sobre una prolongación del asiento. Sólo se puede mover de cintura para arriba... ". Los recuerdos de Chano son fotográficos. Yo conservo también esa exacta memoria eterna del hombre en el balcón mirando como jugábamos los niños de las distintas generaciones que crecimos en la Traleira, y también hablando con nosotros y aconsejándonos.
     Y perdonen la larga digresión, porque estábamos haciendo memoria del polifacetismo de Chano. Chano cultivó, además del cine, la escritura —cunqueiriana, es decir, hondamente retranquera, fantasiosa e imaginativa—, la fotografía y la pintura, sin olvidarnos de las fórmulas magistrales, herederas del arte de la alquimia, que tenía como profesión. Todo ese saber, y esa curiosidad que estaba detrás impulsándolo, fue herencia precoz de un hombre y de una familia. El señor Manuel Barreiro fue también, y sigue siendo, a sus ochenta y seis años, un renacentista. Fue tamborilero, cartero, relojero, fotógrafo, pintor y proyectista de cine. Muchas de las fotografías que acompañan a este texto fueron hechas por él o por su hija Isabel, y su hijo Pablo sería el artífice de todas las bandas sonoras de las películas de Chano, por no hablar del aprendizaje de un Chano ya adolescente de las canciones de los Beatles a la guitarra y del afán filosófico y dialéctico que mezclaba a Marcuse y a Sartre con Castelao y el tío Marcos da Portela por las calles y tabernas de Forcarei, todo ello de la mano de Xosé Luis, el más conocido de la saga de los Barreiro y autor del hermoso y esclarecedor prólogo que lleva este libro.
     Chano descubrió el mundo de la imagen de la mano del señor Manuel: la imagen fija el el cuarto oscuro de los revelados y la imagen en movimiento en el cine "Colón" de Forcarei, donde el señor Manuel hacía las funciones de proyectista, con la vieja Ossa VI que tantas tardes-noches de magia nos proporcionó a generaciones enteras de niños hasta que en la entrada de la década de los ochenta del siglo pasado enmudeció para siempre. Ya antes, a mediados de los setenta, dejara de emitir aquellos "nodos obligatorios" de la España en blanco y negro y aquellas películas de mejicanos que no hablaban como nosotros ni cosa que se le pareciera. En el viejo cine "Colón" germinó poco a poco la adicción de Chano por esa droga que es el cine, por ese veneno del que no se conoce antídodoto, del que el propio Chano decía que mata pero no engorda. A pesar de esto, lógicamente y como comenta Xosé Luis en el prólogo, no pasaría a la acción hasta que Mariluz le regalase, años después, el tomavistas que lo inició en las labores activas del cineasta.
     Forcarei significó en el mundo de Chano lo que la villa de "Amarcord" significó para aquel talento de la imaginación febril al servicio del cine con mayúsculas —y viceversa— que se llamó Fellini, esto es, la nostalgia vestida de infancia y el recuerdo poblado de lozanía, de frescura y de personas pintorescas de las que germinarían futuros personajes de su cinematografía. En Forcarei convivió en su infancia con esos futuros personajes recreados o reconstruidos por él en la ficción del séptimo arte. Con Paco Farria, el beodo que le leía las cartas a Mamasunción, con el "Ministro" que le servía las tazas de vino a Farria, o con la propia y real Mamasunción, la señora María Rosa da Regueira, y, lo que resulta más relevante, con docenas de Xonxas y de Caladiños, mujeres y hombres reales y arquetipos al mismo tiempo de los que luego cogería Chano retazos para parir sus criaturas cinematográficas a imagen y semejanza de aquellas de su niñez, aunque pasadas por el tamiz de la fértil imaginación del autor.
     La prueba más evidente de la universalidad a través del localismo bien entendido al que hacía referencia Xoán Acuña puede estar en una hermosa reflexión sobre el que fue presidente egipcio, Anwar al-Sadat. De Sadat nos cuenta su biógrafo como el malogrado estadista creía que su aldea era un factor determinante en su vida, y lo cita en un contexto que bien podría firmar el Chano del que siempre destacamos —así nos lo afirmaba él— aquel "dolor sano de la nostalgia de la aldea". Decía Sadat: Allí aprendí el hecho de que donde quiera que vaya, lo que quiera que llegue a ser, siempre sabré donde estoy en realidad. Nunca perderé mi rumbo porque sé que tengo raíces vivas allí, en lo profundo del suelo de mi aldea, en esa tierra de la que crecí, como los árboles y las plantas. Ese sólido vínculo telúrico fue, como se puede atisbar fácilmente en la filmografía de Chano, tan relevante como la filia antropológica —y antroponímica, como ya veremos— que lo llevaba a empaparse de las costumbres de las gentes y de las propias gentes antes de trazar los rasgos definitorios y definitivos de los protagonistas de sus historias, que, por supuesto, iban a tener como cualidad esencial esa sagrada comunión con la tierra que tanto y tan bien postuló el lúcido doctor lucense Xoán Rof Carballo.
     Pero de la aldea no sólo heredaría Chano el hondo interés filantrópico y etnográfico, sino el modo de contar las historias lentamente, con ese humor tan nuestro, esa retranca que Risco definió como la defensa de los indefensos. De ese procedimiento expresivo —que también es un modo de sentir, de percibir la realidad— destaca Víctor F. Freixanes que invariablemente es utilizado por nosotros como mecanismo de distanciamiento y respuesta ante una realidad hostil. Y hostil era, por fuerza, la realidad de la aldea que Chano intuye (luego llegará a conocerla y a identificarse con ella) en los años cincuenta y sesenta.
     Vayamos sin más dilación a los hechos. Chano vino al mundo el día 12 del mes de octubre de 1954. Nació en el desaparecido sanatorio de San Lorenzo, en Santiago, pero fue inscrito en el registro civil de Forcarei, donde ya hacía años que sus padres regentaban, como había de hacer él en el futuro con su esposa Mariluz, una farmacia. Esa farmacia tuvo una gran importancia en la vida de Chano. De ella saldría, indirectamente, Trasdomonte, ese mundo real y ficticio al cincuenta por cien en el que Chano ubicaría sus historias cinematográficas y periodísticas (las ocurrentes y "metafísicas" Conversas co Vento). En una carta que Chano me envió el nueve de febrero de 1990 me hablaba de este modo: "... hay muchas referencias en la película a mis vivencias y recuerdos de esa aldea. El mismo nombre de Xonxa, además de otros como Caladiño o Don Camilo, o Trasdomonte (el maestro de Trasdomonte iba todas las ferias a la farmacia de mi padre y me daba cinco duros.¡Todo un capital!). Muchas veces volamos con la cometa por la carretera de Sorribas... ". En el aludido guión original de "Sempre Xonxa", aparece otra secuencia en el inicio que decía, refiriéndose al maestro Xosé Luis: "... deja de leer, mira la cometa y queda sonriendo. Quizás se acuerde de la cometa de su infancia ". Resulta evidente que quien se acordaba era el propio Chano. Pero no eran sólo las vivencias de la infancia, sino también la fuerte resonancia de los nombres y topónimos de la Terra de Montes, que siempre fueron objeto obsesivo y evocador en la memoria de Chano, las que conjuntamente lo llevarían a crear o recrear personajes y lugares que lo trenzaran con eso vivos y vívidos recuerdos de la niñez y a diferenciarlos con nombres muy característicos. García Márquez piensa que los personajes de sus novelas no caminan con sus propios pies mientras no tienen un nombre que se identifique con su modo de ser. Para Chano, en esa misma línea de filopatronimia, el nombre de los personajes es parte inseparable de la propia alma. Esteve Riambau ha señalado que la primera premisa del cine sigue siendo la imaginación, y la segunda la inteligencia. Chano tuvo la suficiente inteligencia para construir un nido de imaginación, y trabajar con esa cada vez más rara avis para volver a la magia de la infancia, el reino por antonomasia de la imaginación. Fue también capaz de articular —en perfecto engranaje— un espacio y un tiempo: el espacio del "utópico" Trasdomonte (trasunto cinematográfico y literario de Forcarei y de la Terra de Montes) y el tiempo de la infancia, poblado ese universo por un paisaje e un paisanaje que le salía al mismo tiempo del corazón y de la memoria (no olvidemos que la voz recordar comparte raíz etimológica con la voz corazón). Refiriéndose a Trasdomonte, Xoán Acuña nos confiesa en un comentario sobre la película "Eu, o tolo": el realizador de Forcarei asienta las bases, en la supuesta locura de sus particulares territorios de la imaginación, de una comarca singular: Trasdomonte. Trasdomonte es Galicia y Galicia es Trasdomonte. Metáforas del mundo. Aún no se llama así, pero en "Mamasunción" y "Sempre Xonxa" ya no habrá duda. Y el propio Chano escribe en el año 88: "Sueño y pienso en Trasdomonte, es la aldea imaginaria de mi película, es mi lugar. Está sobre mis pensamientos, mis personajes viven allí. Viva, alegre, llena de sonidos y vibraciones vitales, limpia, base de un millar de historias que yo mismo podría contar, late esta aldea hoy casi muerta, casi viva. ... personajes que son de película. A veces, son tan de ficción que uno tiene la seguridad de que si lo cuenta nadie va a creerlo".
     La mirada del Chano cineasta es abierta y limpia como Trasdomonte, capaz de atisbar el ideal que esconde y revela al mismo tiempo la realidad que convive con la naturaleza. A Chano le interesa un concepto del proceso creativo muyi similar al que defendía el citado Andrei Tarkovski, igual que se preocupa de captar, como el, las imágenes en las que el artista se revela no sólo como un investigador de la vida, sino también como un creador de valores espirituales y de aquella especial belleza que sólo corresponde a la poesía. Al hablar de poesía no pensaba Chano, como tampoco pensaba el ruso, en ningún género establecido, sino en un modo de ver el mundo, en una manera especial de relación con la realidad. Y de ese modo de ver el mundo provienen esas hermosas escenas del mundo de la infancia, del hogar, de los sueños y de los recuerdos del pasado, junto con ese espíritu de contemplación, de plasmación sosegada y detallista de los personajes y de su entorno. Y por eso Chano defiende un cine del que son ejemplo claro películas como "La Balada de Narayama" de Shohei Imamura, "El Cazador (Dersu Uzala)" de Akira Kurosawa o, por situarnos en el ámbito estatal, "El Bosque del Lobo" de Pedro Olea, "Furtivos" de José Luis Borau y "El Bosque Animado" de José Luis Cuerda. Chano ama el cine vital, y por eso declara: necesito hacer cine para comunicarme. Aunque no sé muy bien con quien o por que. En el fondo, tampoco me importa, porque e algo instintivo. Hace cine como vive y vive para hacer cine que imite la vida, que sea vida, tal y como nos relata en el prólogo Xosé Luis cuando habla de "una historia de vida que el director tuvo la fortuna de descubrir dentro de su sociedad, y que se muestra en toda su magnífica autonomía de ritmo y expresión ". Y para eso necesita dirigir todo el proceso de creación de sus obras. Por esta razón el es quien escribe los guiones, quien produce y quien dirige, y si hace falta —como hizo— quien sale a buscar el dinero a la calle, a pedírselo a la gente corriente, a la "xentiña de a pé", en la que el creía por encima de grupos e instituciones, como también demuestra al decir: Galicia es mi país y yo apuesto por mi tierra, por mi gente y por mi cultura, por eso hago películas.
     Como ya mostramos, la imagen en movimiento la viviría Chano también desde la infancia, en el cine "Colón" de Forcarei, la vieja sala en la que Manuel Barreiro tenía su particular y paralelo "Cinema Paradiso", con el niño Chano que también se haría, andando el tiempo, director de cine, al igual que en la emotiva y hermosa película de Giuseppe Tornatore. La pulcritud y el amor por el detalle que siempre ha ejercido el señor Manuel le hicieron ir apuntando en un cuaderno todas y cada una de las películas que se emitieron en tres décadas y media en las que el cine "Colón" fue una fábrica de sueños para Forcarei, desde la inaugural "Galopa, muchacho", emitida en la navidad de 1947, hasta "Culpable sin rostro", que concluía el ciclo el día 5 de marzo de 1981, en que cerraba definitivamente las puertas el cine de nuestra infancia y juventud. En medio de producciones de serie B, que proliferaban en las proyecciones, hubo algunas películas dignas de tener en cuenta, como "Ojos misteriosos de Londres" de Walter Summers; "Historias de Filadelfia" de George Cukor; "Cuatro pasos por las nubes" de Alexandro Blasetti; "La jungla de asfalto" de John Huston; "La Strada" de Federico Fellini; "De aquí a la eternidad" de Fred Zinnemann o "Psicosis" de Alfred Hitchcock. En aquella sala de butacas duras y flanqueada por dos persistentes imágenes sonrientes de Marisol y Sara Montiel, aprendió Chano a amar el séptimo arte y, sobre todo, aprendió a no poder vivir sin el. De modo indeleble quedarían ya para siempre unidas en su vida esa continua vuelta a la infancia e la pasión por el cine. Para ilustrarlo, podemos echar mano de otra escena de "Sempre Xonxa", aquella en la que la protagonista reprocha a Birutas: "¡Birutas... Éramos unos niños!", y el contesta sin dudarlo: "Sí, que pena que no podamos serlo siempre ".
     Esta primera etapa de Forcarei, en la que compartiría la niñez con sus vecinos, los hijos de Manuel Barreiro —sobre todo con Pablo, casi de su edad— asentaría su cronología en los diez primeros años de vida (etapa que, si hemos de hacer caso de los expertos en pedagogía, fundamenta todo el conocimiento posterior del individuo, de ahí la importancia y la recurrencia de la infancia en los mundos creado por Chano). En esos años experimentó todo tipo de vivencias y sentimientos: un sutil rechazo de los compañeros de escuela por hablar castellano (paradójicamente en el que luego defendería el cine "en galego", su madre no le dejaba hablar la lengua vernácula); los juegos de niños en plena calle —los coches pasaban con poca frecuencia—; el contacto con la naturaleza que rodeaba la villa y con las congostras pobladas por nidos de pájaros; el conocimiento de gentes sencillas que lo marcarían para toda la vida... Por eso Chano, en los últimos años de su vida, cada vez que podía, le hurtaba su presencia a la ciudad para volver a su villa natal, siguiendo la misma ley que rige las migraciones de las aves, aún no siendo el nunca ave de paso, sino hombre de raíces. En alguna de esas ocasiones me comentó que echaba de menos el Forcarei de su infancia, aquel que Cronos había ido cambiando con su escoplo calmado e irrevocable (la vieja escuela derribada en los setenta, la plaza de la iglesia modificada en los ochenta, el cine "Colón" cerrado también en esa década, el progreso relegando al pasado la mayoría de las congostras). El tiempo —esa engañosa y desleal herramienta que auxilia a los historiadores— se fue cobrando, en definitiva, un tributo demasiado gravoso para que a enfermiza nostalgia de Chano pudiese soportarlo sin resentirse.

ADOLESCENCIA Y JUVENTUD

—"OS PAXAROS MORREN NO AIRE", "EU, O TOLO", "MAMASUNCIÓN"—


     A los diez años Chano es enviado por sus padres a Marín, interno en el colegio San Narciso, donde estudiará hasta sexto de bachillerato. Sigue siendo un chaval tímido, apocado y de muy buen comportamiento, estudioso y formal, a pesar de que después manifestaría que no era de su agrado aquel tipo de educación, disciplinada, con formación religiosa y del espíritu nacional. Yo soy un reaccionario de aquella educación, nos dejó dicho. Sus recuerdos sobre ese período eran frontalmente opuestas, por menguadas, a los recuerdos de la infancia, en los que siempre se recreaba, se extendía y diluía con gusto. La etapa de Marín, donde poco más sabemos que el hecho de ser tiempos escasamente felices, que su evasión principal era la práctica del fútbol y que fue el lugar donde tuvo su primera novia, se ve complementada por otra no mucho más feliz —si nos atenemos a lo que Chano nos decía—: la del año en el que estudió el Preu (curso preuniversitario) en el colegio La Salle de Santiago.
     Se hizo universitario en el año 1971, y eligió la carrera de farmacéutico por mero compromiso familiar, y porque tampoco había ninguna carrera que me interesase. Al final de ese curso se le detecta el mal que ya no lo dejaría en toda su vida: la enfermedad de Crohn. Ha de ser sometido a la primera de muchas operaciones cuando contaba dieciocho años. Como no todo iban a ser desgracias, es también el año no que conoce, en una fiesta en Augas Santas —en la tierra del "Canón de Pao"— a Mariluz, la mujer que también lo acompañaría hasta el final de sus días, y que tendría una importancia extraordinaria en la vocación de Chano por un cine gallego asentado en las raíces. El  nos cuenta así aquella circunstancia: A partir de casarme con Mariluz descubrí una Galicia diferente. La Galicia más vieja, más pura de la gente de Rubillón. Y me quedé en Rubillón de algún modo. Me hizo sentir el latir de la tierra muy fuerte. Rubillón le hizo recordar las gentes de la aldea que había conocido en Forcarei, pero también allí descubrió otro eje primordial de lo que luego devendría el núcleo de su filmografía: el mundo de la emigración, en una tierra sangrada por el éxodo a América, donde casi cada familia tenía alguno de sus componentes en México, en Brasil, en Venezuela o en la Argentina, y alguna llevaba ya varias generaciones tomando el camino que rara vez tiene vuelta, al menos definitiva. De ahí sería de donde extraería ese mundo de contrastes que luego tomaría cuerpo en el cochazo del Birutas, en "Sempre Xonxa", o en el que trae la maleta con los dólares de "Mamasunción", circulando los dos por las corredoiras de la aldea.
     En el año 1974 se casa con Mariluz siendo los dos todavía estudiantes de Farmacia. En 1975 Mariluz le regalaría lo que daría pie a la carrera de cineasta de Chano: un tomavistas Minolta super-8. Nos samos cuenta de la relevancia de Mariluz, que proporciona a Chano del potencial material para comenzar a rodar y lo pone, por otro lado, en contacto con la realidad que Chano plasmará en el celuloide de manera magistral. Desde que posee esa poderosa arma captadora de imágenes y es también dueño de esa mentalidad comprometida, tardará sólo un año en escribir su primer guión, la adaptación para un cortometraje del "Sempre en Galiza" de Castelao, y otro año más en ponerse a rodar. Le pondrá el título de "Os paxaros morren no aire" ("Los pájaros mueren en el aire"), y con el ganará sus primeros premios: el "Filme de Oro" del Ministerio de Cultura en el Certamen de Vilagarcía de Arousa, y el "Quijote de Honor" del certamen Ciudad de Alcalá de Henares, este último ya en el año 78. La apuesta de Chano por el cine gallego y en gallego tiene lugar, pues, desde su primer trabajo, algo que seguirá poniendo de manifiesto cuando cuente con muchos más medios, tanto teóricos como técnicos, a lo largo de toda su intensa, aunque breve, filmografía.
     "Os paxaros morren no aire" es un ejemplo certero de lo que habría de ser, con el tiempo, el setenta por ciento de la filmografía de Chano: dificultades técnicas y de guión, dificultades económicas, dificultades de "distribución" y un tesón fuera de lo normal para tratar de mitigar todas esas dificultades. Chano tuvo que hacer muchos esfuerzos y contar incluso con la ayuda de los propios compañeros del equipo técnico y del semiprofesional elenco a la hora de adaptar un guión excesivamente complejo para los medios con los que contaban. Aún así, el resultado estuvo a una altura profesional, y logró los galardones que arriba citábamos. Trata la historia de una niña que pretende construir un puente imaginario entre dos montes, pensando que eso sería un gran adelanto para su pueblo. Se echa al camino para buscar ayuda, y se encuentra con Castelao y con Basilio Álvarez, con los que vive la trama de esta pequeña fábula. Trabajan en el Alfonso Armada, Antón Casal, Pili Lorenzo, Xosé M. Olveira "Pico" y Xosé Ramón Rodríguez, entre otros. Las localizaciones pertenecen a Rubillón (la tierra de Mariluz), Ponte Caldelas, Cabrais, Santa Uxía de Ribeira y la playa de Arealonga.
     Sin tregua en la actividad que ya lo tiene atrapado, se pone manos a la obra con su primer largometraje, también en super-8 —la economía no da por ahora para lanzarse a los 35 mm.—, que toma cuerpo en el año 79, aunque no se estrenará hasta el año 82. Este se titularía "Eu, o tolo" ("Yo, el loco"), tendría una duración de 110 minutos y sería también el primer largometraje de nuestro cine, junto con "Malapata" (este en 16 mm. y de 75 minutos), de Carlos López Piñeiro, con el que volvería a compartir honores de pionero, después en el formato 35 mm., cuando los dos estrenasen en el 89 "Sempre Xonxa" y "Urxa", respectivamente. El largometraje se rodó por tierras de Forcarei, Ponte Caldelas, Marín, Muros, Rubillón, Pontevedra, Esteiro, Vigo y Santiago. Es una obra muy particular dentro de su filmografía, muy simbólica, con un marcado tono surrealista e incluso satírico. Cuenta la vida de "Eu", un personaje estrafalario que vivirá diversos aconteceres, como el de casarse con una bicicleta que posteriormente será asesinada. Eu será apresado y metido en la cárcel, huirá de allí y llegará a convertirse en presidente del gobierno. Como podemos observar, Chano optó en esta su segunda obra por una sátira política un poco enrevesada y metafísica.
     Tanto "Eu, o tolo" como "Os paxaros morren no aire" tienen en común el formato en el que se rodaron y la forma un tanto curiosa de exhibición. Con las dos emprendieron camino Chano y Pablo Barreiro por las aldeas, pueblos y colegios de Galicia adelante, en una hermosa odisea que nos relata Xoán Acuña: "Del mismo modo que los pioneros, digamos Isaac Fraga o José Gil, recorrían Galicia con los aparatos a la espalda para llevar la magia del cine hasta el rincón más apartado de nuestra tierra, Chano, que nunca tuvo automóvil, se lanzaba a las carreteras, caminos y corredoiras con las dos únicas copias de la película —hablaba, en este caso, de "Os paxaros morren no aire"— en la bolsa, haciendo dedo, y listo para subir en cualquier cosa de cuatro ruedas, o incluso de dos, que lo llevará a su destino. Proyectaban en garajes, escuelas, teleclubs, asociaciones culturales y de vecinos... Eran, como decía el director con su acostumbrada retranca, "guerrilleros todo terreno ", luchando por hacer cine gallego, desde Galicia y, si era posible, para todo el mundo ".
     Se cierra, tras estas dos primeras películas, la etapa del formato aficionado, el super-8, que ya nunca volverá a utilizar. En lo que toca a su vida familiar se establece, el mismo año en que rueda "Eu, o tolo", en la ciudad de Vigo, donde regentarán el y Mariluz una farmacia de la calle Torrecedeira. Y comienza una nueva etapa, pero no precisamente de relajación. El escéptico Voltaire decía que el hombre nació para vivir entre las convulsiones de la inquietud o la letargia del aburrimiento. Resulta evidente que Chano non había nacido para la letargia, puesto que enseguida se puso a esbozar lo que había de ser la obra por la que más se le reconoce todavía hoy. Y hemos de que volver a Forcarei y a la niñez, y también a la temática de la emigración. Chano decide volcar en imágenes la historia que recordaba de aquella viejecita, María Rosa da Regueira, que iba día sí y día también al correo, a pesar de que nunca llegaba la carta que ella esperaba sin desmayo. Aguardaba, con la paciencia y la porfía propias de la mujer de la aldea, recibir algún día noticias de su hijo emigrado a México siendo apenas un niño. Así, entre lo que el recordaba y lo que recordaba Manuel Barreiro, el otro protagonista de la historia —el cartero que se interpretaría a si mismo—, fue confeccionando un guión que el mismo creía en un principio demasiado localista, pero que acabaría por ser aclamado en el mundo entero. El propio Chano nos declaraba en el año 1985: "Al principio, pensé que era un tema exclusivamente gallego, pero me quedé sorprendido al comprobar personalmente la dimensión universal del tema, que comprende y siente gente de cualquier parte del mundo".
     "Mamasunción" es la crónica de una pequeña epopeya de los sentimientos, la historia de un cuento increíble que fue real como la vida misma, pero es, sobre todo, un canto a la vida rural, a la vida de la aldea ancestral que Chano sentía latir tan adentro. Y es, sin dejar de ser todo lo anterior, un homenaje a la mujer labriega que se habría de prolongar y agrandar en "Sempre Xonxa"; un hermoso cumplido a quien tuvo que echarse la casa a la espalda, en la sangría de aquella inclemente emigración que hizo quedar a muchos hogares gallegos sin hombres. La misma mujer que, ella sola, armada con unas horquillas, hace frente al zorro que se le mete en el gallinero o a la que le sobra valor para parir también sola sin ayuda de nadie —otras dos recordadas escenas de "Sempre Xonxa"—; la misma mujer anónima que había inspirado a Xosé Luis Rivas Cruz, "Mini", aquella canción, cruda y tierna al mismo tiempo, que había titulado "Muller", con su grupo "Fuxan os Ventos". Es preciso recordar que "Mini" había estado de maestro en Forcarei varios años y que después había de poner música, junto con Pablo Barreiro, a la "Mamasunción" de Chano, e incluso estuvo a punto de interpretar al maestro don Xosé Luis de "Sempre Xonxa" antes de que tomase el relevo Roberto Vidal Bolaño. En una de las escenas más intensas del largometraje protagonizada por Uxía Blanco, aquella en la que Pancho comenta con Xonxa la decisión ya casi firme de embarcarse hacia América, ella lo inquiere: "¿Y yo? ", y el hombre responde, al tiempo que la acaricia con mirada triste: "Tú tendrás que hacer de padre y de madre". Esa misma fue la realidad que Chano recordaba de los tiempos en los que el maestro de Trasdomonte iba a la farmacia de su padre. Y muy parecida a la que plasmó en una reflexión del año 1991, en el primer número del efímero Xornal Diario pontevedrés, sobre Forcarei y ese mundo de la emigración, que no me puedo resistir a transcribir íntegramente para explicar como entendía Chano la propia relación con su pueblo natal: "Cuando quiero marcharme y soñar, cierro los ojos y aparezco en Forcarei. En los lugares que conservo en mi memoria, quizá mejorados por el paso del tiempo o adaptados a mi gusto, pero vivos en  mi imaginación. Cuando necesito encontrar el significado de algunos sentimientos tengo que volver allá. Para recordar la nieve que quema en los ojos, el extenso olor a zuecos, tiza y barro de la escuela. Para sentir el viento de las noches de invierno llamar en las ventanas, para palpar el calor del horno del pan mientras abrazaba las llamas. Forcarei está lleno de nombres de honda sonoridad, de viejas raíces y cargados de nuevas historias por inventar: Xonxa, Aida, Caladiño, Casanova, Angustias, Dorinda, Queipo, Regina, Sabino, Evangelina, Cosme, Gloria, Farria, Herculina, Larés, Rosina, Aladino... pueden ser los nombres de los protagonistas de épicas historias por descubrir. Forcarei vivía en la angustia de caminos de esperanza, muchas veces sin retorno: Argentina, México, Argelia, Francia, Bilbao, Alemania, Panamá, Venezuela, Suíza, Barcelona... Forcarei vivía esperando cartas que muchas veces nunca llegaron. Pero nunca perdimos la esperanza y seguimos yendo al Correo porque sabemos que algún día tiene que llegar. Tiene que llegar algo. Algo nuestro, sorprendente, nuevo y definitivo que no sabemos lo que es, pero tiene que llegar". Toda esa gente, de algún modo, es la protagonista coral del cortometraje más famoso del cine gallego.
     Corre el año 1984, con Chano a punto de cumplir los treinta, cuando se pone manos a la obra y se rodea del equipo ya habitual de técnicos y actores —sobre la base del grupo de teatro Ditea, del que surgirán, entre otros, Xosé M. Olveira "Pico" y Antón Casal—. Funda la productora Piñeiro, S.A., posteriormente mudada en Bubela S.L., y se traslada con el equipo a las aldeas de Baíste y Rubillón, en el municipio ourensano de Avión, vecino de la Tierra de Montes. Chano escribirá en el año 1985 en el diario La Región que Baíste y Rubillón son los verdaderos protagonistas de "Mamasunción"... Las películas de ambiente rural precisan que la gente y las piedras o losas o maderas hablen el mismo idioma, tengan el mismo espíritu. Es hermoso ver esta comunión entre la gente y la tierra. Por eso la actuación de la gente en nuestra película es tan natural, tan sencilla, sin artificiosidad ni esfuerzo teatral. La gente hace lo que viene haciendo todos los días. Yo tuve la suerte de encontrarme con la gente de Rubillón y Baíste. Gente a la que admiro por muchos motivos... Habla, como ya vimos al comienzo, de la sagrada comunión entre la gente y la tierra, un postulado que antes ya habíamos visto, entre otros y de modo magistral, en el doctor Xoán Rof Carballo, que nos legó una hermosa expresión de esa afinidad tan particular: "Tanto como la relación interhumana precisa el hombre la relación con las cosas inertes y con los seres vivos, con el mundo animal y vegetal. Tanto como el cariño tutelar precisa paisajes. Ese paisaje que formó con el hombre una unidad en su infancia, esa otra parte de nosotros mismos, de la que, para tener que vivir, nos hemos visto necesitados de desvincularnos como de una liberación nutriz ". O también en la reflexión orteguiana de que hay que terminar por reconocer una afinidad entre el alma de un pueblo y el estilo de su paisaje. Por eso se fija aquel en este, porque le gusta. Cabría añadir, de la mano de un coterráneo nuestro, el siempre lúcido Manuel Cabada Castro, que quizás por eso "paisaje  es, en gallego, de género femenino —para rematar por asentar esa profunda identidad entre la mujer y la tierra—. Volvemos siempre a la tierra y a la gente que le da sentido. La tierra es, como apunta otro coterráneo, el periodista X.M. Rivas Troitiño, algo más que locación en el alma de los gallegos.
     Ese vínculo telúrico tan claramente expuesto en "Mamasunción" debió de ser una de las claves de su éxito entre nuestra gente, primeramente, y en todos aquellos lugares donde fue exhibida después.
     El otro protagonista de "Mamasunción" es Paco Farria, el recadero carismático que hacía las encomiendas y leía las cartas a la poca gente que no sabía leer en Forcarei. Yo llegué también a conocer a Paco Farria, un hombre de quien todo aquel que lo recuerda habla bien y con respeto a pesar de su bohemia y de su afición por el vino —El Farria desdoblado que hace eses por las corredoiras anticipa al ebrio que camina por las calles de la genial "Amanece que no es poco", de J.L. Cuerda—. Paco Farria fue un hombre con personalidad y prestancia a quien Chano recordaba, en una colaboración que yo le había pedido para el libro de las fiestas de Forcarei del año 93, titulada "Artistas de Forcarei", con los siguientes términos: Farria, mi querido personaje de película, fue un poeta desconocido, amante de la hermosa caligrafía y creador de poesías sin papel. Por supuesto que no hay libros que nos permitan recoger y recordar sus sentimientos, sus duds e ironías, sus amores y desamores porque los versos más sentidos asoman desde el corazón y se quedan en la boca del creador o en el corazón del que escucha. Los sentimientos más hondos brotan en el aire para ser recogidos y compartidos sólo por quien tiene sensibilidad. Farria hacía poesías porque dormía en la cárcel, aunque a mi me da que dormía en la cárcel porque hacía poesías. Allí encontraba el más seguro refugio.
     "Mamasunción" caló hondo en la alma de un pueblo que, por fin, se daba cuenta del poder del cine. Aunque que sólo fuese un sencillo cortometraje, tuvo la especial misión de llevar la imagen de Galicia, de la emigración y de la nostalgia por el mundo adelante. Y lo hizo con mucha repercusión. Cabe destacar que recibió los siguientes premios: Gran premio del cine español en el XXVI Festival Internacional de Bilbao 84; premio de la Federación Internacional de Críticos en Oberhausen 85 (Alemania); premio de la Federación Internacional de Cineclubs Cracovia 85 (Polonia); gran premio de cortometrajes en el Festival de Figueira da Foz 85 (Portugal); gran premio del Festival de Tetuán 86 (Marruecos); segunda película más votada por el público en el Festival de Sydney 85 (Australia). Fue también exhibida en los festivales internacionales de Gante (Bélgica); Uppsala (Suecia); Toldheim (Noruega); Moscú (URSS); Melbourne (Australia); Newcastle (Inglaterra); Clermont Ferrand (Francia) y Buenos Aires (Argentina).
     Por primera vez, el cine gallego era tenido en cuenta fuera de nuestra tierra, comprobando que los sentimientos son universales por encima de las lenguas que los puedan separar. Reflejaba la tragedia de la emigración a través de una historia cargada de humanidad. Como pensaba Tarkovski —es preciso retornar una y otra vez a los maestros—, la tragedia es un género que desvela las mismas raíces de la existencia humana, las verdades más íntimas y sus más profundos significados. "Mamasunción" fue una película con éxito por el modo en como Chano la dotó de esa carga tan honda y tan real de humanidad. El secreto era que la gente no actuaba, sino que vivía —sentía, lloraba y reía— en el marco de su propia aldea.

CAMINO DE LA MADUREZ 

  "Mamasunción" también le sirvió a Chano para que lo reconociesen dentro del incipiente panorama cinematográfico gallego, e incluso en el ámbito estatal. En el año 1985 logra el "Premio de la Crítica Galicia" en el apartado de Artes y Ciencias de la Representación. El 25 de julio, día de la Patria Gallega, nace la Televisión de Galicia, que estrenará su programación proyectando el cortometraje de Chano. Ese es también el año en el que se pronuncia con respecto al séptimo arte, fundamentando que "no concibo el cine sólo como una expresión estética. Para mi también es darle voz a mi gente. Yo soy un aldeano, para bien o para mal". En las Xornadas de Cine y Vídeo de Galicia, del Carballiño, coincidirá con Carlos Velo, el pionero del cine gallego. Cerrando ese pletórico año, el 28 de octubre Chano resulta elegido uno de los "once gallegos de hoy", junto con su amigo y vecino Xosé Luis Barreiro y con Camilo José Cela, entre otros. Los numerosos reconocimientos, que en otro podrían engendrar cierta dosis de fatuidad y la cómoda tentación de dar el barco al viento, no menoscaban la capacidad de trabajo e ilusión de Chano, que se pone de inmediato a navegar en los arriesgados mundos de otro cortometraje. Y, ciertamente, podemos decir que la siguiente apuesta de Chano es de las más arriesgadas, porque el nuevo guión que comienza a escribir tiene, en clara contradicción con el título que llevará, poco de esperanzador. "Esperanza" será una película desasosegante que relatará los avatares de una vida demasiado empapada de realismo, hiperrealista por contraposición al surrealismo de "Eu, o tolo". Anticipa el clima de amargor de la reciente "Los lunes al sol", que se rodará también en Vigo. Si "Mamasunción", primero, y "Sempre Xonxa", después, golpean la conciencia con la fuerte tragedia de la emigración, en "Esperanza" convivimos con la sofocante tragedia de una realidad cotidiana marcada por la adicción al alcohol. Está poblada, y embebida, su atmósfera por una esperanza trágica que salva la belleza interior y los valores morales. Un tono acre está bullendo en la sobriedad —¡que paradoja!— interpretativa de Xosé M. Olveira "Pico". También perfila una buena y medida interpretación Rosa Álvarez, y favorece esa atmósfera el barrio de Vigo en el que fue rodada, por esa estética urbana deliberadamente feísta que Chano intenta imprimir a la película —un modo palmario de reivindicar el rural, aún sin mostrarlo, como deja traslucir en un folleto publicitario del mediometraje, en el que escribe: me enfrenté de repente con una estética diferente, con decorados llenos de cemento, sin sol ni verde—. "Esperanza" fue producida íntegramente por el Ayuntamiento de Vigo, dentro de su programación social. De este modo, fue, si salvamos la última "O camiño das estrelas" —también de encargo—, la única de las obras de Chano que no presentó problemas graves de financiación. La película representó a España en el Premio de Cortometrajes de la CEE de 1987.
     Chano asistió durante meses, para documentarse y hacer una película verista, a las terapias de grupos de alcohólicos, y tuvo que construir un final duro, porque la realidad con la que convivió en esos meses, pensaba el, es así de dura, aunque quede siempre un abrigo para la esperanza. Para el propio Chano también era dura la realidad. Llevaba como podía, más mal que bien, la enfermedad de Crohn durante todos esos años. Pero eso no le impidió hacer siempre el sacrificio que tenía que hacer para llevar adelante sus guiones. Y lo más duro aún estaba por venir.
     En el caso de Chano, viendo todos los problemas que se le presentaron —de toda suerte— y el modo en que los fue salvando todos y cada uno hasta llevar a buen término sus obras, casi se inclina uno a pensar que ser director no es solamente una profesión, ni tan siquiera una vocación, sino un destino, un fatum que el propio director no puede declinar, una misión que consiste no sólo en poner algunas imágenes sobre la película virgen, sino en tratar de comprender algo en la vida y expresarlo de algún modo también comprensible —aquella vieja obsesión de la escuela rusa de pensar que una película es esencialmente "tiempo impreso", y que un artista sencillamente lo montaba, o lo que Xosé Luis Barreiro nos muestra en el prólogo cuando habla de que los actores ... ... son como personajes atrapados en una realidad exterior que el cineasta se limita a recoger con una cámara curiosa—. Existe, pues, una especie de hechizo en el que también queda atrapado el director, que se desvive —nunca más cierto que en el caso de Chano— por cumplir su sagrada misión: convencer a los demás a través de la belleza, pero también de la verdad, de sus imágenes. Nuestro amigo va más allá y participa activamente en la cultura no sólo desde el mundo de las imágenes: en su rebotica se juntan desde hace años un nutrido grupo de artistas, periodistas, actores, pintores y escritores, dando origen a una interesante tertulia los jueves de cada semana. Participará también en la Comisión Gestora de la que saldrá la Asociación de Productoras de Cine y Vídeo de Galicia en la primavera de 1987, junto con Pancho Casal, Daniel Domínguez, López Piñeiro y Antón Reixa.
     "Sempre Xonxa", el primer largometraje del cine gallego, se comenzó a gestar incluso antes que el mediometraje "Esperanza". Chano había dado nacimiento a la primera de las muchas versiones que iría teniendo en tres años el guión, en los meses postreros del año 1985. El mismo nos cuenta que rescribió la historia más de nueve veces. En esos años que van desde el 85 hasta el 88 encuentra —y queda hechizados por el— el paisaje atávico donde conformará su Trasdomonte —metáfora, en palabras de Xoán Acuña, de todas las Galicias posibles y soñadas—. Neira Vilas, el escritor de Gres, con el que Chano hará amistad en Cuba en 1990, nos dejó escrito en algún lugar que todos llevamos la geografía originaria en la retina. El director de Forcarei traslada su geografía originaria a Santa Olaia de Valdeorras, ese lugar de la Galicia mágica por donde circularán los protagonistas de la historia en el marco de la Galicia más profunda y menos contaminada por el progreso. Compone la historia en cuatro décadas (1947 - 1986) que estarán representadas en las cuatro estaciones del año: la primavera de la infancia; el verano de la adolescencia; el otoño de la juventud —y de la emigración— y el invierno de la madurez. Será una historia muy humana, cargada de amores y de odios, de mito y de racionalidad. Curiosamente, el mito y la racionalidad, contrapuestos ab antiquo, tomarán cuerpo en un mismo personaje: Caladiño, el hombre inventor que sirve de enlace entre los protagonistas, un poco loco y amigo de las utopías. Representa como nadie la unión entre la vieja matria —la Galicia de los mouros, del lucumón, de los tesoros enterrados, de las doncellas, de la estadea, de la tradición, en definitiva— y la idea del progreso (del complejo y descompasado aggiornamento de nuestro rural).
     Se juntan, en "Sempre Xonxa", los tópicos que conviven en la aldea de la época franquista, es decir, el cura, el maestro, los picaruelos, los abuelos y abuelas, el "loco" maravilloso de Caladiño y la criada del cura, por la que suspira el utópico inventor. Este mosaico de personajes que van desfilando en el espacio y en el tiempo del Trasdomonte piñeirano son los que insuflan la pletórica vida que rebosa de los umbrales de la aldea ancestral y los que tejen la ya conocida trama de amistad, amor y traición, hilvanadas en torno a los tres personajes protagonistas, que son la propia Xonxa, el Pancho y el Birutas.
     Está inspirada en una historia de la que Chano había oído hablar en las aldeas de Rubillón y Baíste, escenarios, como ya sabe a estas alturas el lector, de Mamasunción.
     Los principales papeles de la película estarán encarnados por Uxía Blanco, que dibuja los intensos perfiles de la mujer protagonista, Xavier R. Lourido y Miguel Insua en los papeles de Pancho y Birutas, Roberto Casteleiro construyendo un apropiado Caladiño, Roberto Vidal Bolaño en la piel del maestro, la veterana Aurora Redondo incorporando a la abuela del Panchiño, Rodrigo Roel como el cura y la actriz Loles León interpretando a su criada. Cuenta con la colaboración, en un pequeño cameo, del fotógrafo Manuel Ferrol, a quien Chano quiere rendir, de este modo, homenaje como el fotógrafo por antonomasia de la emigración, junto con otra escena que recrea la celebérrima fotografía de Ferrol en la que aparece el abuelo llorando y pasando su mano por debajo de la mejilla de su nieto, que también llora, los dos despidiendo a alguien de los muchos que se fueron a las Américas.
     La espinosa realidad de la película parece influir en los también dificultosos avatares de la producción y del rodaje. A pesar de obtener las máximas valoraciones con "Mamasunción" por parte del Ministerio de Cultura, tres veces se le niega —cuando la película ya está en marcha— la subvención para "Sempre Xonxa" por parte del entonces Director General de Cinematografía, el crítico y escritor Fernando Méndez Leite, a quien Chano envía una carta desde el periódico Atlántico Diario criticando, en tono mordaz, la falta de objetividad en el reparto. Finalmente logra salir de la traba gracias a las aportaciones de la Consellería de Cultura de la Xunta, de la organización del V Centenario y de la Diputación de Pontevedra, entre otros organismos, y también gracias a las pequeñas aportaciones de particulares que creen en Chano y en su recto compromiso con la cultura gallega.
     La carrera comercial en Galicia es todo un éxito, algo que no se repite en el resto de España. Sin embargo, el resultado artístico es otro cantar, puesto que resulta seleccionada en 1990 para los festivales de Montreal, La Habana, los III encuentros cinematográficos de Cannes, el de Cine Latino de Chicago, el de Portland y los de Sidney y Melbourne. Precisamente en La Habana Chano y Mariluz se encuentran y traban honda amistad con el escritor Neira Vilas y con su esposa Anisia. Incluso hablan de adaptar el cine algún día la novela de Neira "Memorias dun neno labrego", que tanto había arrebatado a Chano.
     Ese mismo año, en el verano, Chano será el pregonero de la Fiesta de los Dolores de Forcarei, la misma noche en la que se proyectan para sus orgullosos vecinos "Mamasunción" y "Sempre Xonxa", en una velada memorable de cine al aire libre que finaliza con la actuación del grupo "A Quenlla", liderado por su amigo Xosé Luis Rivas "Mini", que ya había dejado atrás, junto con Mero, el fundacional "Fuxan os Ventos".
     Chano necesitaba, como el aire que respiraba, una temporada de sosiego después del agotador sacrificio que había hecho para superar todas las dificultades del primer largometraje del cine gallego. Tenía derecho, y así lo hizo hasta finales del 92, en que se ha de embarcar en otro proyecto, ahora sin ninguno de los problemas financieros con los que se había encontrado durante toda su vida de cineasta: La Consellería de Cultura le encarga la promoción del Xacobeo 93 a través de un mediometraje. El decidirá darle entonces el formato ajustado entre ficción y realidad en el que trenzaría la historia de un lobishome (hombre lobo) —Valente—, representando a las tierras labriegas del interior, de la montaña, y de una sirena, representando a la Galicia marinera. Esos dos personajes se le ocurrieron precisamente en una visita a Forcarei: "Me asaltaron cuando iba en el coche a hacer una de mis esporádicas visitas a Forcarei. Ya se sabe que todos los asesinos vuelven al lugar del crimen y yo, cada cierto tiempo, siento la necesidad de volver a mi primera aldea. Sé exactamente el lugar donde descubrí que la base de la película iba a ser una historia de amor entre una sirena y un hombre lobo. Entonces paré el coche, bajé la ventanilla y dejé que los personajes reposaran mientras que con mis ojos recorría y penetraba los volúmenes que dibujaba en el paisaje la luz caliente del crepúsculo".
     Chano me llamó para que colaborase con él en las tomas que iba a hacer de la Tierra de Montes. Recuerdo que me comentaría la idea de la sirena y el lobishome en una comida que tuvimos en Cerdedo cuando más tarde nos pusimos a la busca de localizaciones para rodar las escenas del halcón peregrino en el puente de San Antón —con el cameo de Roberto Casteleiro y Uxía Blanco— y la de la Rapa das Bestas, en Sabucedo. Me pareció, y me sigue pareciendo, una hermosa idea, porque también a mi me había parecido, igual que a Chano, muy buena la película de Pedro Olea que adaptaba la historia real del lobishome de Santa Baia de Esgos —Manuel Blanco Romasanta—, a su vez inspiradora de la novela "El Bosque de Ancines", de Carlos Martínez-Barbeito, en la que se basó finalmente Pedro Olea. A la película, de la que ya hablamos en el comienzo de esta obra, titulada "El Bosque del Lobo", le hace, desde el mediometraje precisamente, un pequeño homenaje en la escena en que Goebbels, el antagonista de la pareja, utiliza la jaula para llevar presos a la sirena y al lobo, rememorando aquel sugestivo final en el que también atrapan y enjaulan al lobishome soberbiamente interpretado por José Luis López Vázquez.
     Chano intenta componer un fresco cargado con todas las imágenes posibles de Galicia, o, por mejor decirlo, con todas las Galicias  posibles. Logra hacer algo muy aproximado al cine total, es decir, al cine que se expresa sin necesitar palabras, sin diálogos. En media hora nos muestra su idea de país: desde los percebeiros hasta las canteras de Porriño; desde los desfiles de moda hasta los peregrinos que se ven reflejados simbólicamente en el halcón que recorre Galicia desde el aire, como hacía Caladiño en el final de "Sempre Xonxa"; desde los peliqueiros de los carnavales de Verín y Laza hasta las escuelas de canteros; desde las conserveras hasta las palilleiras de Camariñas. El resultado, con no hacer de la película la mejor de las obras de Chano, se aleja de la estereotipada imagen de la Galicia que siempre se intenta vender al exterior. Cuenta, para el reparto de los personajes, con una joven belleza salida de las pasarelas llamada Sabela Páez, que debuta en la pantalla dando vida a la sirena, con el actor Gustavo Salmerón, que estaba en sus comienzos, incorporando al lobishome y con el veterano Luis Bar Boo, al que rescata del olvido después de haber sido uno de los secundarios más prodigados de los años setenta en el cine nacional, llegando a trabajar con directores foráneos de la talla de John Milius, Ken Annakin o Burt Kennedy, y también con todos los españoles da época (el coruñés Amando de Ossorio, Jesús Franco, Juan Piquer o Jacinto Molina, por citar a algunos). Reservó para él o papel del maligno Goebbels, que siempre se entromete en la historia de amor del lobishome y la sirena hasta que finalmente es derrotado.
     El mediometraje fue estrenado en el Auditorio del Monte del Gozo de Compostela el día 25 de julio de 1993. Cumplió su función largamente, porque como apuntó Chano: "... al acabar la película uno tiene la sensación de haber visto una historia y no es consciente de haber visto un documental". Fue exhibido en los festivales de Figueira da Foz, Chicago, Pórtland y Lorient.
     A finales de ese mismo año resulta premiado por la Fundación San Martiño de A Estrada, por la defensa de la lengua gallega y el uso continuado como herramienta de trabajo en su obra.
     En el año 1994, también el 25 de julio, Chano organiza de la mano del Ayuntamiento de Vigo un Festival de Cine en el auditorio al aire libre de Castrelos, con un gran éxito de afluencia y de organización. Se proyectan films de calidad como "Terciopelo Azul" de Lynch, "El Bosque Animado" de Cuerda y "Los Santos Inocentes" de Camus. Ya en las Navidades, presenta el libro "Conversas co Vento", en el que se recogen artículos que publicaba semanalmente en el periódico "Faro de Vigo". Se nos descubre como un fabulador cargado de imaginación y de retranca, como un enamorado de las letras. El libro resulta de una amenidad extraordinaria, y en él colabora con sus ilustraciones el humorista Quesada.
     El año 1995 sería el último que vería a Chano con vida. El día 21 de marzo fallecería en el Hospital Xeral de Vigo, a sus 40 años, dejando medio huérfano al incipiente cine gallego. La Xunta lo premia con la Medalla de Galicia. También, y con carácter póstumo, el Centro Gallego de Artes de la Imagen publica el libro recopilatorio de textos suyos aparecidos en distintos lugares "A Luz dun Soño e outros textos de Cine". El ayuntamiento de Vigo le daría su nombre a una calle de la ciudad. En la semana siguiente a su precoz muerte, Xosé Luis Barreiro, el amigo íntimo de Chano desde la niñez, expresa desde las páginas del periódico "La Voz de Galicia" su conmovedora despedida para quien ya pasaría a ser considerado uno de los pilares del cine gallego. Parafraseando la "Elegía a Ia Muerte de Ramón Sijé", del poeta Miguel Hernández, decía así: "Chano Piñeiro, a quien tanto quería, se me ha muerto como del rayo. Sin darme tiempo a comprender su ausencia; sin alertar el llanto que consuela; sin dejarme más opción que ser un hortelano de esta tierra que ocupa y alimenta tan temprano. Se fue sin avisar. Privándome de argumentos para celebrar mi dolor; sin posibilidad de alabar su buen hacer de cineasta, su sensibilidad de artista, su imaginación de escritor, o su generosa condición de hombre. Porque Chano era mi amigo, y sólo como tal lo puedo recordar. Vio el mundo en Forcarei, su pueblo y el mío, en Ia misma casa que yo habito. Gracias a los casi cinco años que le llevo, su venida a este mundo es el primer nacimiento que recuerdo. Lo mismo que sus pesadas siestas de niño repelente, que me impedían hacer ruido y jugar en Ia escalera hasta pasadas Ias cinco de Ia tarde. Poco a poco, el tiempo acabó por igualarnos. Y la juventud nos hizo compañeros de interminables charlas en Ias noches de verano, con una agradable pandilla que no tuvo ninguna deserción, salvo ésta, brutal e inesperada, que Chano acaba de protagonizar. Él era de ciencias y yo de letras. Y quizá por eso me tuvo siempre por un sabio inagotable, que le descubrió muchos pasajes de Ia literatura y de Ia música, que le enseñó a poner los dedos sobre los trastes de Ia guitarra, que le abrió los arcanos del cine de mensaje, que era capaz de inventar citas clásicas sin que nadie lo notase y de amenizar Ias veladas con chistes nunca oidos. Y as