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Chano
Piñeiro en su adolescencia

En
el rodaje de "Mamasunción"

Mariluz
Montes, la esposa de Chano, en su adolescencia

Chano
niño, en Forcarei

El
señor Manuel Barreiro, proyeccionista del cine "Colón"

"Mamasunción",
la anciana que dio la vuelta al mundo

Doña
Soledad Martínez, madre de Chano y esposa del farmacéutico de Forcarei, don
Manuel Piñeiro.

Con
amigos de Forcarei, durante una nevada, en los años 60

En
el rodaje de "Esperanza"

Cartel
de "Esperanza", patrocinada por el Ayuntamiento de Vigo

Caricatura
de Chano, del ilustrador Siro

En
el rodaje de "Sempre Xonxa", mirando a Aurora Redondo

Una
de las más célebres imágenes de la película "Sempre Xonxa"

Uxía
Blanco, la protagonista de "Sempre Xonxa"

El
emotivo cartel de "Sempre Xonxa"

Pablo
Barreiro e X.L. Rivas Cruz componen la música de "Mamasunción"

Vidal
Bolaño en el papel de don Xosé Luis, el maestro de Trasdomonte

La
Ossa VI del cine "Colón" de Forcarei, la máquina que abrió a
Chano los ojos del cine

Caladiño,
el loco maravilloso de la fragua de Trasdomonte

Affiche
de una escena de "Sempre Xonxa" rodada en el puerto de Vigo

Portada
de la biografía de la que se extrajeron estos textos, de Francisco Rozados
"Rochi", publicada por Edicións Fervenza
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Chano Piñeiro
traducción
íntegra del libro "chano piñeiro", de francisco rozados
"rochi"
Para presentar la figura de Chano a quien no la conozca es suficiente con
recurrir a una de sus frases más conocidas: "Hacer cine
en Galicia es posible, hacer cine en gallego es necesario". Pidiendo prestado
el inicio del prólogo de un libro clave para entender la vida y obra de Chano, "Chano Piñeiro, unha historia do cinema galego",
del crítico y periodista Xoán Acuña, podemos desvelar que "Chano
Piñeiro representa como nadie la obsesión por lograr un cine propio
para Galicia. De haber pensado en la utopía imposible, valga la redundancia,
quizás nunca se habría puesto manos a la obra. Se puso, luchó y
demostró,
con Mamasunción, con Sempre Xonxa, que también puede existir un cine
gallego. Y universal. Chano comprendió que precisamente en el
"localismo" bien entendido se encuentra la esencia de la
universalidad".
Porque Chano también pensaba que la única manera de ser universales es
ser profundamente gallegos, de la misma manera que para el gran maestro de
cine ruso —profundamente humano y humanista— Andrei Tarkovski, "el
absoluto se realiza y se expresa en lo particular".
Yo nací en una casa muy cercana a la de Chano Piñeiro
(el vivía en el 49 e yo en el 52 de la calle Progreso). Fui, por lo tanto,
vecino y amigo de Chano, aunque nos separaban nueve años, e también de
su padre, el farmacéutico de Forcarei durante más de tres décadas, que era
amigo íntimo de mi padre. Tuve, pues, la suerte de compartir momentos de
la
vida de ese gallego de los "bos e xenerosos" que fue Chano Piñeiro. Por eso me
llenó de satisfacción la propuesta del buen amigo Xosé Luna de tratar de
escribir este pequeño libro sobre un hombre a quien, por encima de la
vecindad, de la amistad y del común amor a Forcarei, admiraré siempre
mientras viva.
Es ahora Chano quIen habla, en un libro que
parece más bien una ventana a la fantasía ("A luz dun soño e
outros textos de cine"): "Así pues, pasé mi
infancia en Forcarei, los diez primeros años. Non sé quien dijo "mi
patria es mi infancia". Tenía razón". Esa infancia
pasada en Forcarei marcó, de manera esencial y vivencial, toda la
concepción de la vida rural y profundamente gallega que Chano desplegó
en su obra cinematográfica —algún crítico, creo que injustamente,
le achacaría más tarde el recurso a la descripción del rural como
representación de la Galicia entera—. Pero esa concepción no se dio sólo
en su cinematografía, sino también en su obra escrita, donde se nos
manifestó como un consumado narrador lleno de ironía, en la mejor línea
de la retranca cunqueiriana. De esta faceta hablaremos luego, pero podemos
adelantar, precisamente de la mano del esclarecido mindoniense, que "...
el hombre gallego, en su tierra tan antigua y trabajada, de tan largo
matrimonio con el humano hacer, de tan patente y cotidiana respuesta a
las
labranzas y a los días, conoce y concede más que cualquier otro hombre.
Tanto conoce y concede que Ie parece ver a Galicia como si fuese una
persona. La relación del gallego con su tierra adquiere así un carácter
más
íntimo y subjetivo, más intuitivo que reflexivo, más, pues, en el
campo de la creación poética que en el de la estimativa lógica". Así,
lealmente, entendía Chano la profunda y ancestral vida rural, de la que
siempre se mostró enamorado —"yo soy un aldeano, para bien o para
mal" es otra de sus frases categóricas por la que percibimos al
Chano arraigado y comprometido con su tierra y con su cultura—.
Pero Chano Piñeiro, a quien Miguel Anxo Fernán-Vello
calificó con mucho acierto de "Lumière de nós"
—por proveernos de un cine "medido en ferrados de corazón"—,
es conocido, sobre todo, como un pionero fundamental, como el Griffith del
cine gallego, salvando todas las distancias que haya que salvar y sin
menospreciar al seminal Carlos Velo.
Volviendo a la relación que nos unía —causa ex
corde de que este libro fuese concebido—, compartí con el, con nueve
años de diferencia como ya he dicho, vecindad de barrio, maestra de
primeras letras, el cine "Colón", la pasión por
Forcarei y por la aldea ancestral, el bachillerato en el colegio San Narciso de
Marín, la locura cinéfila y el recuerdo de los últimos años de
vida de Paco Farria y de la señora María Rosa "da Regueira", mudada
con los años en la Mamasunción cinematográfica que paseó a Forcarei,
también encarnado
en Baíste, por el mundo adelante. Otro aspecto fundamental que
compartimos fue el mundo de la infancia. Sempre pensé que Chano se entendía
mejor con los niños que con los adultos, y también que los entendía
mejor de lo que los adultos acostumbran a entender a los niños. La infancia
juega un papel
primordial en la concepción de su obra, de sus guiones.
Compartimos también algunos momentos intensos
en los últimos años que a él le tocaría vivir, y que me hicieron
redescubrirlo con aquella pasión creadora —pasión enfermiza por
encima de la propia enfermedad—, demostrándome que el corazón y la
voluntad de un hombre pueden más que todas las adversidades y, sobre todo, con aquel
fardo enorme de humanidad que rebosaba de su cuerpo débil como el
monte Candán —grande para nosotros, pero pequeño en la inmensidad azul—
rebosa de luz en los amaneceres de verano.
Fué un verdadero placer sumergirme en los
apuntes, libros, revistas, periódicos, correspondencia personal y fotografías
—que generosamente me prestaron Mariluz Montes y Manuel Barreiro— de
Chano, para poder confeccionar este libro que sólo intenta enriquecer un
poco la memoria de un amigo, de un creador, de un luchador, de un hombre
en el fondo
sentido de la palabra. Sencillamente, para contribuir, en la modestia de
estas líneas, a perpetuar el recuerdo de ese "dulce envento humano"
que fué Chano.
Antes de seguir adelante, debo también aclarar
que un no demasiado rígido ordenamiento en el hilo cronológico, por el
constante recurso a idas y vueltas en el tiempo —en términos cinematográficos
deberíamos hablar de flash-backs y flash-forwards, o de narración
invertida y de encadenados, incluso de digresiones temporales— intenta
imprimirle a esta obra una mayor aproximación al trabajo concreto naciente de cada situación,
intentando ahondar y dialogar in extenso
con cada concepto que vaya surgiendo en torno a Chano y a su obra
antes que seguir una línea continua de sucesos, toda vez que en el final
de la misma se puede seguir, si esa fuese la intención del lector, una
cronología ordenada y relativamente densa, por no aludir a la
existencia de otras publicaciones con exposición más lineal sobre la
vida y la obra de Chano.
UN ESPACIO: TRASDOMONTE. UN TIEMPO: LA INFANCIA
Tengo
para mí que lo mucho que Chano tenía de "renacentista" lo
aprendió en la casa del señor Manuel Barreiro, la casa en la que el se
crió
antes de venir a vivir al barrio de la "Traleira", que así llamamos
los del barrio de abajo de Forcarei a nuestro territorio vivencial. El barrio
de la Traleira tiene su origen en el nombre que se le daba a ese paraje
incluso
antes de haber allí no más de dos casas —cuando el núcleo de
Forcarei aún era llamado Cotaredo—, y hoy tiene perfecta radicación
en el entendimiento de los forcareienses al ser identificado por la fuente que
lleva el mismo nombre. El paraje tiene un capítulo sobresaliente en la historia de
Antón Alonso Ríos, aquel "siñor Afranio" que, perseguido en
la
guerra civil, había venido a esconderse en el barrio de Sorribas, siendo
protagonistas —las fincas de la Traleira— de la "historia de los marcos
de la Dosinda". Por el camino que llevaba a la fuente también tenía
su
morada el personaje figurante que aparece en "Sempre Xonxa"
desde el balcón en una silla de ruedas. Se llamaba también Manuel
Barreiro y permaneció inválido alrededor de cuarenta años antes de
morir (el mismo período de tiempo que Mamasunción acudiera a la
oficina de Correos en busca de las ansiadas noticias de su hijo. A veces,
el "tempo" lento de la
aldea se enquista caprichosamente en algunas situaciones para hacerlas
casi
eternas). Este Manuel Barreiro no tenía, a pesar del nombre y del
apellido,
relación de parentesco con el cartero que se daría vida a sí mismo en
el cortometraje "Mamasunción", pero era otro de los personajes
ubicuos de su niñez, y también de la mía. Una secuencia del guión
original de "Sempre Xonxa", luego modificado varias veces,
proponía: "SECUENCIA
7: Casa hombre inválido. Exterior día. Un hombre mayor está sentado
en una silla para "inútiles". Tiene las piernas tiesas, los pies
cruzados extrañamente, sobre una prolongación del asiento. Sólo se puede
mover de cintura para arriba... ". Los recuerdos de Chano son
fotográficos. Yo conservo también esa exacta memoria eterna del hombre
en el
balcón mirando como jugábamos los niños de las distintas generaciones que
crecimos en la Traleira, y también hablando con nosotros y
aconsejándonos.
Y perdonen la
larga digresión, porque estábamos haciendo memoria del polifacetismo de
Chano. Chano cultivó, además del cine, la escritura —cunqueiriana,
es decir, hondamente retranquera, fantasiosa e imaginativa—, la fotografía
y la pintura, sin olvidarnos de las fórmulas magistrales, herederas del
arte de la alquimia, que tenía como profesión. Todo ese saber, y esa
curiosidad que estaba detrás impulsándolo, fue herencia precoz de un
hombre y de una familia. El señor Manuel Barreiro fue también, y sigue
siendo, a sus ochenta y seis años, un renacentista. Fue tamborilero,
cartero, relojero, fotógrafo, pintor y proyectista de cine. Muchas de las fotografías
que acompañan a este texto fueron hechas por él o por su hija Isabel,
y su hijo Pablo sería el artífice de todas las bandas sonoras de las
películas de Chano, por no hablar del aprendizaje de un Chano ya
adolescente de las canciones de los Beatles a la guitarra y del afán filosófico
y dialéctico
que mezclaba a Marcuse y a Sartre con Castelao y el tío Marcos da
Portela por las calles y tabernas de Forcarei, todo ello de la mano de Xosé
Luis, el más conocido de la saga de los Barreiro y autor del hermoso y esclarecedor prólogo que
lleva este libro.
Chano descubrió el mundo de la imagen de la mano
del señor
Manuel: la imagen fija el el cuarto oscuro de los revelados y la imagen en
movimiento en el cine "Colón" de Forcarei, donde el señor Manuel
hacía las funciones de proyectista, con la vieja Ossa VI que tantas
tardes-noches
de magia nos proporcionó a generaciones enteras de niños hasta que en
la
entrada de la década de los ochenta del siglo pasado enmudeció para siempre.
Ya antes, a mediados de los setenta, dejara de emitir aquellos "nodos
obligatorios" de la España en blanco y negro y aquellas películas de
mejicanos que no hablaban como nosotros ni cosa que se le pareciera. En
el viejo cine "Colón" germinó poco a poco la adicción de Chano
por esa droga que es el cine, por ese veneno del que no se conoce
antídodoto, del que el propio Chano decía que mata pero no engorda.
A pesar de esto, lógicamente y como comenta Xosé Luis en el prólogo,
no
pasaría a la acción hasta que Mariluz le regalase, años después, el
tomavistas que lo inició en las labores activas del cineasta.
Forcarei significó en el mundo de Chano lo que
la villa de "Amarcord" significó para aquel talento de la imaginación
febril al servicio del cine con mayúsculas —y viceversa— que se
llamó Fellini, esto es, la nostalgia vestida de infancia y el recuerdo
poblado de lozanía, de frescura y de personas pintorescas de las que
germinarían futuros personajes de su cinematografía. En Forcarei
convivió en su infancia con esos futuros personajes recreados o
reconstruidos por él en la ficción del séptimo arte. Con Paco Farria,
el beodo que le leía las cartas a Mamasunción, con el "Ministro"
que le servía las tazas de vino a Farria, o con la propia y real
Mamasunción, la señora María Rosa da Regueira, y, lo que resulta más
relevante, con docenas de Xonxas y de Caladiños, mujeres y hombres reales
y arquetipos al mismo tiempo de los que luego cogería Chano retazos para parir
sus criaturas cinematográficas a imagen y semejanza de aquellas de su niñez,
aunque pasadas por el tamiz de la fértil imaginación del autor.
La prueba más evidente de la universalidad a través
del localismo bien entendido al que hacía referencia Xoán Acuña puede estar
en una hermosa reflexión sobre el que fue presidente egipcio, Anwar al-Sadat.
De Sadat nos cuenta su biógrafo como el malogrado estadista creía que
su aldea era un factor determinante en su vida, y lo cita en un
contexto que bien podría firmar el Chano del que siempre destacamos —así
nos lo afirmaba él— aquel "dolor sano de la nostalgia de la aldea".
Decía Sadat: Allí aprendí el hecho de que donde quiera que vaya, lo que
quiera que llegue a ser, siempre sabré donde estoy en realidad. Nunca
perderé mi rumbo porque sé que tengo raíces vivas allí, en lo
profundo del suelo de mi aldea, en esa tierra de la que crecí, como los
árboles y las plantas. Ese sólido vínculo telúrico fue, como se
puede atisbar fácilmente en la filmografía de Chano, tan relevante como
la filia antropológica —y antroponímica, como ya veremos— que lo llevaba a
empaparse de las costumbres de las gentes y de las propias gentes antes de trazar
los rasgos definitorios y definitivos de los protagonistas de sus
historias, que, por supuesto, iban a tener como cualidad esencial esa sagrada
comunión con la tierra que tanto y tan bien postuló el lúcido doctor
lucense
Xoán Rof Carballo.
Pero de la aldea no sólo heredaría Chano el hondo
interés filantrópico y etnográfico, sino el modo de contar las
historias lentamente, con ese humor tan nuestro, esa retranca que Risco
definió como la defensa de los indefensos. De ese procedimiento expresivo
—que también es un modo de sentir, de percibir la realidad— destaca Víctor
F. Freixanes que invariablemente es utilizado por nosotros como mecanismo de
distanciamiento y respuesta ante una realidad hostil. Y hostil era,
por fuerza, la realidad de la aldea que Chano intuye (luego llegará a
conocerla y a identificarse con ella) en los años cincuenta y sesenta.
Vayamos sin más dilación a los hechos. Chano
vino al mundo el día 12 del mes de octubre de 1954. Nació en el
desaparecido
sanatorio de San Lorenzo, en Santiago, pero fue inscrito en el registro
civil de Forcarei, donde ya hacía años que sus padres regentaban, como
había de hacer él en el futuro con su esposa Mariluz, una farmacia. Esa
farmacia tuvo una gran importancia en la vida de Chano. De ella saldría,
indirectamente, Trasdomonte, ese mundo real y ficticio al cincuenta por
cien en el que Chano ubicaría sus historias cinematográficas y
periodísticas (las ocurrentes y "metafísicas" Conversas co
Vento). En una carta que Chano me envió el nueve de febrero de 1990
me hablaba de este modo: "... hay muchas referencias en la película
a mis vivencias y recuerdos de esa aldea. El mismo nombre de Xonxa, además
de otros como Caladiño o Don Camilo, o Trasdomonte (el maestro
de Trasdomonte iba todas las ferias a la farmacia de mi padre y me daba
cinco duros.¡Todo un capital!). Muchas veces volamos con la cometa por
la carretera de Sorribas... ". En el aludido guión original de "Sempre
Xonxa", aparece otra secuencia en el inicio que decía, refiriéndose
al maestro Xosé Luis: "... deja de leer, mira la cometa y queda
sonriendo. Quizás se acuerde de la cometa de su infancia ".
Resulta evidente que quien se acordaba era el propio Chano. Pero no eran
sólo las vivencias de la infancia, sino también la fuerte resonancia de
los nombres y topónimos de la Terra de Montes, que siempre fueron objeto
obsesivo y
evocador en la memoria de Chano, las que conjuntamente lo llevarían a crear
o recrear personajes y lugares que lo trenzaran con eso vivos y vívidos
recuerdos de la niñez y a diferenciarlos con nombres muy característicos.
García Márquez piensa que los personajes de sus novelas no caminan con
sus propios pies mientras no tienen un nombre que se identifique con su
modo de ser. Para Chano, en esa misma línea de filopatronimia, el nombre
de los personajes es parte inseparable de la propia alma. Esteve Riambau
ha señalado que la primera premisa del cine sigue siendo la imaginación,
y la segunda la inteligencia. Chano tuvo la suficiente inteligencia para
construir un nido de imaginación, y trabajar con esa cada vez más rara
avis para volver a la magia de la infancia, el reino por antonomasia
de la imaginación. Fue también capaz de articular —en perfecto engranaje— un
espacio y un tiempo: el espacio del "utópico" Trasdomonte
(trasunto cinematográfico y literario de Forcarei y de la Terra de
Montes) y el tiempo de la infancia, poblado ese universo por un paisaje e
un paisanaje que le salía al mismo tiempo del corazón y de la memoria
(no olvidemos que la voz recordar comparte raíz etimológica con
la voz
corazón). Refiriéndose a Trasdomonte, Xoán Acuña nos confiesa
en un comentario sobre la película "Eu, o tolo": el realizador
de Forcarei asienta las bases, en la supuesta locura de sus particulares
territorios de la imaginación, de una comarca singular: Trasdomonte.
Trasdomonte es Galicia y Galicia es Trasdomonte. Metáforas del mundo. Aún
no se llama así, pero en "Mamasunción" y "Sempre Xonxa"
ya no habrá duda. Y el propio Chano escribe en el año 88: "Sueño
y pienso en Trasdomonte, es la aldea imaginaria de mi película, es mi lugar. Está sobre
mis pensamientos, mis personajes viven allí.
Viva, alegre, llena de sonidos y vibraciones vitales, limpia, base de un
millar de historias que yo mismo podría contar, late esta aldea hoy casi
muerta, casi viva. ... personajes que son de película. A veces, son tan de ficción que uno
tiene la seguridad de que si lo cuenta nadie va a creerlo".
La mirada del
Chano cineasta es abierta y limpia como Trasdomonte, capaz de atisbar el
ideal que esconde y revela al mismo tiempo la realidad que convive con la
naturaleza. A Chano le interesa un concepto del proceso creativo muyi
similar al que defendía el citado Andrei Tarkovski, igual que se
preocupa de captar, como el, las imágenes en las que el artista se revela
no sólo como un investigador de la vida, sino también como un creador de valores
espirituales y de aquella especial belleza que sólo corresponde a la poesía.
Al hablar de poesía no pensaba Chano, como tampoco pensaba el ruso, en
ningún género establecido, sino en un modo de ver el mundo, en una
manera especial de relación con la realidad. Y de ese modo de ver el mundo
provienen esas hermosas escenas del mundo de la infancia, del hogar, de
los sueños y de los recuerdos del pasado, junto con ese espíritu de contemplación,
de plasmación sosegada y detallista de los personajes y de su entorno.
Y por eso Chano defiende un cine del que son ejemplo claro películas
como
"La Balada de Narayama" de Shohei Imamura, "El Cazador (Dersu
Uzala)" de Akira Kurosawa o, por situarnos en el ámbito estatal,
"El Bosque del Lobo" de Pedro Olea, "Furtivos" de
José Luis Borau y "El Bosque Animado" de José Luis Cuerda.
Chano ama el cine vital, y por eso declara: necesito hacer cine para
comunicarme. Aunque no sé muy bien con quien o por que. En el fondo,
tampoco me importa, porque e algo instintivo. Hace cine como vive y
vive para hacer cine que imite la vida, que sea vida, tal y como nos
relata en el prólogo Xosé Luis cuando habla de "una historia de
vida que el director tuvo la fortuna de descubrir dentro de su sociedad,
y que se muestra en toda su magnífica autonomía de ritmo y expresión
". Y para eso necesita dirigir todo el proceso de creación de
sus
obras. Por esta razón el es quien escribe los guiones, quien produce y
quien dirige, y si hace falta —como hizo— quien sale a buscar el
dinero a la calle, a pedírselo a la gente corriente, a la "xentiña de a
pé", en la que el creía
por encima de grupos e instituciones, como también demuestra al decir: Galicia
es mi país y yo apuesto por mi tierra, por mi gente y por mi
cultura, por eso hago películas.
Como ya mostramos, la imagen en movimiento la
viviría
Chano también desde la infancia, en el cine "Colón" de Forcarei,
la vieja sala en la que Manuel Barreiro tenía su particular y paralelo
"Cinema Paradiso", con el niño Chano que también se haría, andando
el tiempo, director de cine, al igual que en la emotiva y hermosa película
de Giuseppe Tornatore. La pulcritud y el amor por el detalle que siempre
ha ejercido el señor Manuel le hicieron ir apuntando en un cuaderno todas
y
cada una de las películas que se emitieron en tres décadas y media en
las
que el cine "Colón" fue una fábrica de sueños para
Forcarei, desde la inaugural "Galopa, muchacho", emitida en la
navidad de 1947, hasta "Culpable sin rostro", que concluía el
ciclo el día 5 de marzo de 1981, en que cerraba definitivamente las puertas
el cine de nuestra infancia y juventud. En medio de producciones de
serie B, que proliferaban en las proyecciones, hubo algunas películas
dignas de tener en cuenta, como "Ojos misteriosos de Londres" de
Walter Summers; "Historias de Filadelfia" de George Cukor;
"Cuatro pasos por las nubes" de Alexandro Blasetti; "La jungla de asfalto" de
John Huston; "La Strada" de Federico
Fellini; "De aquí a la eternidad" de Fred Zinnemann o "Psicosis"
de Alfred Hitchcock. En aquella sala de butacas duras y flanqueada por dos
persistentes imágenes sonrientes de Marisol y Sara Montiel, aprendió Chano
a amar el séptimo arte y, sobre todo, aprendió a no poder vivir
sin el. De modo indeleble quedarían ya para siempre unidas en su
vida esa continua vuelta a la infancia e la pasión por el cine. Para
ilustrarlo, podemos echar mano de otra escena de "Sempre Xonxa",
aquella en la que la protagonista reprocha a Birutas: "¡Birutas...
Éramos unos niños!", y el contesta sin dudarlo: "Sí,
que pena que no podamos serlo siempre ".
Esta primera etapa de Forcarei, en la que
compartiría la niñez con sus vecinos, los hijos de Manuel Barreiro
—sobre todo con Pablo, casi de su edad— asentaría su cronología en
los diez primeros años de vida (etapa que, si hemos de hacer
caso de los expertos en pedagogía, fundamenta todo el conocimiento
posterior del individuo, de ahí la importancia y la recurrencia de la infancia
en los mundos creado por Chano). En esos años experimentó todo tipo de
vivencias y sentimientos: un sutil rechazo de los compañeros de escuela por
hablar castellano (paradójicamente en el que luego defendería el
cine "en galego", su madre no le dejaba hablar la lengua vernácula);
los juegos de niños en plena calle —los coches pasaban con poca
frecuencia—; el contacto con la naturaleza que rodeaba la villa y con
las congostras pobladas por nidos de pájaros; el conocimiento de
gentes sencillas que lo marcarían para toda la vida... Por eso Chano, en
los últimos años de su vida, cada vez que podía, le hurtaba su
presencia a la ciudad para volver a su villa natal, siguiendo la misma
ley
que rige las migraciones de las aves, aún no siendo el nunca ave de paso,
sino hombre de raíces. En alguna de esas ocasiones me comentó que echaba de
menos el Forcarei de su infancia, aquel que Cronos había ido cambiando con
su escoplo calmado e irrevocable (la vieja escuela derribada en los setenta,
la plaza de la iglesia modificada en los ochenta, el cine "Colón"
cerrado también en esa década, el progreso relegando al pasado la mayoría
de las congostras). El tiempo —esa engañosa y desleal
herramienta que
auxilia a los historiadores— se fue cobrando, en definitiva, un tributo
demasiado gravoso para que a enfermiza nostalgia de Chano pudiese
soportarlo sin resentirse.
ADOLESCENCIA Y JUVENTUD
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—"OS
PAXAROS MORREN NO AIRE", "EU, O TOLO", "MAMASUNCIÓN"—
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A los diez años Chano es enviado por sus padres a
Marín, interno en el colegio San Narciso, donde estudiará hasta sexto de
bachillerato. Sigue siendo un chaval tímido, apocado y de muy buen
comportamiento, estudioso y formal, a pesar de que después
manifestaría que no era de su agrado aquel tipo de educación,
disciplinada, con formación religiosa y del espíritu nacional. Yo
soy un reaccionario de aquella educación, nos dejó dicho. Sus
recuerdos sobre ese período eran frontalmente opuestas, por menguadas,
a los recuerdos de la infancia, en los que siempre se recreaba, se extendía
y
diluía con gusto. La etapa de Marín, donde poco más sabemos que el
hecho
de ser tiempos escasamente felices, que su evasión principal era la
práctica del fútbol y que fue el lugar donde tuvo su primera novia, se
ve complementada por otra no mucho más feliz —si nos atenemos a lo que Chano nos
decía—: la del año en el que estudió el Preu (curso
preuniversitario) en el colegio La Salle de Santiago.
Se hizo universitario en el año 1971, y
eligió la carrera de farmacéutico por mero compromiso familiar, y porque tampoco
había ninguna carrera que me interesase. Al final de ese curso se
le detecta el mal que ya no lo dejaría en toda su vida: la enfermedad de Crohn.
Ha de ser sometido a la primera de muchas operaciones cuando contaba dieciocho
años. Como no todo iban a ser desgracias, es también el año no
que conoce, en una fiesta en Augas Santas —en la tierra del "Canón de Pao"—
a Mariluz, la mujer que también lo acompañaría hasta el final de sus días,
y que tendría una importancia extraordinaria en la vocación de Chano por
un cine gallego asentado en las raíces. El nos cuenta así aquella
circunstancia: A partir de casarme con Mariluz descubrí una Galicia
diferente. La Galicia más vieja, más pura de la gente de Rubillón. Y
me quedé en Rubillón de algún modo. Me hizo sentir el latir de la tierra
muy fuerte. Rubillón le hizo recordar las gentes de la aldea que
había conocido
en Forcarei, pero también allí descubrió otro eje primordial de lo que
luego devendría el núcleo de su filmografía: el mundo de la emigración,
en una tierra sangrada por el éxodo a América, donde casi cada familia
tenía alguno de sus componentes en México, en Brasil, en Venezuela o en
la Argentina, y alguna llevaba ya varias generaciones tomando el camino que
rara vez tiene vuelta, al menos definitiva. De ahí sería de donde
extraería
ese mundo de contrastes que luego tomaría cuerpo en el cochazo del Birutas,
en "Sempre Xonxa", o en el que trae la maleta con los dólares de
"Mamasunción", circulando los dos por las corredoiras
de la aldea.
En el año 1974 se casa con Mariluz siendo los
dos todavía
estudiantes de Farmacia. En 1975 Mariluz le regalaría lo que daría pie
a la carrera de cineasta de Chano: un tomavistas Minolta super-8. Nos
samos cuenta de la relevancia de Mariluz, que proporciona a Chano del potencial
material para comenzar a rodar y lo pone, por otro lado, en contacto con
la realidad que Chano plasmará en el celuloide de manera magistral. Desde que
posee esa poderosa arma captadora de imágenes y es también dueño
de esa mentalidad comprometida, tardará sólo un año en escribir su
primer
guión, la adaptación para un cortometraje del "Sempre en Galiza"
de Castelao, y otro año más en ponerse a rodar. Le pondrá el título
de "Os paxaros morren no aire" ("Los pájaros mueren en
el aire"), y con el ganará sus primeros premios: el "Filme de Oro"
del Ministerio de Cultura en el Certamen de Vilagarcía de Arousa, y el "Quijote de Honor"
del
certamen Ciudad de Alcalá de Henares, este último ya en el año 78. La
apuesta de Chano por el cine gallego y en gallego tiene lugar, pues, desde
su primer trabajo, algo que seguirá poniendo de manifiesto cuando cuente con
muchos más medios, tanto teóricos como técnicos, a lo largo
de toda su intensa, aunque breve, filmografía.
"Os paxaros morren no aire" es un ejemplo
certero de lo que habría de ser, con el tiempo, el setenta por ciento de
la
filmografía de Chano: dificultades técnicas y de guión, dificultades
económicas, dificultades de "distribución" y un tesón fuera
de lo normal para tratar de mitigar todas esas dificultades. Chano tuvo que
hacer muchos esfuerzos y contar incluso con la ayuda de los propios
compañeros del equipo técnico y del semiprofesional elenco a la hora de adaptar un guión
excesivamente complejo para los medios con los que contaban. Aún así,
el
resultado estuvo a una altura profesional, y logró los galardones que
arriba citábamos. Trata la historia de una niña que pretende construir
un puente imaginario entre dos montes, pensando que eso sería un gran
adelanto para su pueblo. Se echa al camino para buscar ayuda, y se
encuentra con Castelao y con Basilio Álvarez, con los que vive la trama
de esta pequeña fábula. Trabajan en el Alfonso Armada, Antón Casal, Pili
Lorenzo, Xosé M. Olveira "Pico" y Xosé Ramón Rodríguez,
entre otros. Las localizaciones pertenecen a Rubillón (la tierra de
Mariluz), Ponte Caldelas, Cabrais, Santa Uxía de Ribeira y la playa de
Arealonga.
Sin tregua en la actividad que ya lo tiene atrapado,
se pone manos a la obra con su primer largometraje, también en super-8
—la economía no da por ahora para lanzarse a los 35 mm.—, que
toma cuerpo en el año 79, aunque no se estrenará hasta el año 82. Este
se titularía "Eu, o tolo" ("Yo, el loco"), tendría
una duración de 110
minutos y sería también el primer largometraje de nuestro cine, junto
con "Malapata" (este en 16 mm. y de 75 minutos), de Carlos López
Piñeiro, con el que volvería a compartir honores de pionero, después
en el formato 35 mm., cuando los dos estrenasen en el 89 "Sempre Xonxa"
y
"Urxa", respectivamente. El largometraje se rodó por tierras de
Forcarei, Ponte Caldelas, Marín, Muros, Rubillón, Pontevedra, Esteiro,
Vigo y Santiago. Es una obra muy particular dentro de su filmografía, muy simbólica,
con un marcado tono surrealista e incluso satírico. Cuenta la
vida de "Eu", un personaje estrafalario que vivirá diversos
aconteceres, como el de casarse con una bicicleta que posteriormente será
asesinada. Eu será apresado y metido en la cárcel, huirá de allí y
llegará a convertirse en presidente del gobierno. Como podemos observar,
Chano optó en esta su segunda obra por una sátira política un poco enrevesada
y metafísica.
Tanto "Eu, o tolo" como "Os
paxaros morren no aire" tienen en común el formato en el que se
rodaron y la forma un tanto curiosa de exhibición. Con las dos emprendieron
camino Chano y Pablo Barreiro por las aldeas, pueblos y colegios de Galicia
adelante, en una hermosa odisea que nos relata Xoán
Acuña: "Del mismo modo que los pioneros, digamos Isaac Fraga o
José Gil, recorrían Galicia con los aparatos a la espalda para llevar
la magia del cine hasta el rincón más apartado de nuestra tierra, Chano, que nunca
tuvo automóvil, se lanzaba a las carreteras, caminos y corredoiras con
las dos
únicas copias de la película —hablaba, en este caso, de "Os
paxaros morren no aire"— en la bolsa, haciendo dedo, y listo para
subir en cualquier cosa de cuatro ruedas, o incluso de dos, que lo llevará
a su destino. Proyectaban en garajes, escuelas, teleclubs, asociaciones
culturales y de vecinos... Eran, como decía el director con su acostumbrada retranca, "guerrilleros todo
terreno ", luchando
por hacer cine gallego, desde Galicia y, si era posible, para todo el mundo ".
Se cierra, tras estas dos primeras películas,
la etapa del formato aficionado, el super-8, que ya nunca volverá a
utilizar. En lo que toca a su vida familiar se establece, el mismo año en
que rueda "Eu, o tolo", en la ciudad de Vigo, donde regentarán el
y Mariluz una farmacia de la calle Torrecedeira. Y comienza una nueva
etapa, pero no precisamente de relajación. El escéptico Voltaire decía
que el hombre nació para vivir entre las convulsiones de la inquietud o
la letargia del aburrimiento. Resulta evidente que Chano non había
nacido para la letargia, puesto que enseguida se puso a esbozar lo que había
de ser la obra por la que más se le reconoce todavía hoy. Y hemos de que volver a Forcarei
y a la niñez, y también a la temática de la emigración. Chano decide
volcar en imágenes la historia que recordaba de aquella viejecita, María Rosa da Regueira,
que iba día sí y día también al correo, a pesar de que nunca llegaba
la
carta que ella esperaba sin desmayo. Aguardaba, con la paciencia y la porfía
propias de la mujer de la aldea, recibir algún día noticias de su hijo
emigrado a México siendo apenas un niño. Así, entre lo que el
recordaba y lo que recordaba Manuel Barreiro, el otro protagonista de la historia —el
cartero que se interpretaría a si mismo—, fue confeccionando un guión
que el mismo creía en un principio demasiado localista, pero que
acabaría
por ser aclamado en el mundo entero. El propio Chano nos declaraba en el
año
1985: "Al principio, pensé que era un tema exclusivamente gallego, pero
me quedé sorprendido al comprobar personalmente la dimensión
universal del tema, que comprende y siente gente de cualquier parte del
mundo".
"Mamasunción" es la crónica de una
pequeña epopeya de los sentimientos, la historia de un cuento increíble que
fue real como la vida misma, pero es, sobre todo, un canto a la vida rural,
a la vida de la aldea ancestral que Chano sentía latir tan adentro. Y
es, sin dejar de ser todo lo anterior, un homenaje a la mujer labriega que
se habría de prolongar y agrandar en "Sempre Xonxa"; un hermoso
cumplido a quien tuvo que echarse la casa a la espalda, en la sangría de
aquella
inclemente emigración que hizo quedar a muchos hogares gallegos sin hombres.
La misma mujer que, ella sola, armada con unas horquillas, hace frente
al zorro
que se le mete en el gallinero o a la que le sobra valor para parir también
sola sin ayuda de nadie —otras dos recordadas escenas de "Sempre
Xonxa"—; la misma mujer anónima que había inspirado a Xosé Luis Rivas
Cruz, "Mini", aquella canción, cruda y tierna al mismo tiempo, que
había titulado "Muller", con su grupo "Fuxan os Ventos".
Es preciso recordar que "Mini" había estado de maestro en Forcarei varios
años y
que después había de poner música, junto con Pablo Barreiro, a la "Mamasunción"
de Chano, e incluso estuvo a punto de interpretar al maestro don Xosé
Luis de "Sempre Xonxa" antes de que tomase el relevo Roberto
Vidal Bolaño. En una de las escenas más intensas del largometraje
protagonizada por Uxía Blanco, aquella en la que Pancho comenta con Xonxa
la
decisión ya casi firme de embarcarse hacia América, ella lo inquiere: "¿Y
yo? ", y el hombre responde, al tiempo que la acaricia con mirada
triste: "Tú tendrás que hacer de padre y de madre". Esa
misma fue la realidad que Chano recordaba de los tiempos en los que el maestro de
Trasdomonte iba a la farmacia de su padre. Y muy parecida a la que plasmó
en una reflexión del año 1991, en el primer número del efímero Xornal
Diario pontevedrés, sobre Forcarei y ese mundo de la emigración, que
no
me puedo resistir a transcribir íntegramente para explicar como entendía
Chano la propia relación con su pueblo natal: "Cuando quiero
marcharme y soñar, cierro los ojos y aparezco en Forcarei. En los lugares
que conservo en mi memoria, quizá mejorados por el paso del tiempo o
adaptados a mi gusto, pero vivos en mi imaginación. Cuando
necesito encontrar el significado de algunos sentimientos tengo que volver
allá. Para recordar la nieve que quema en los ojos, el extenso olor a zuecos,
tiza y barro de la escuela. Para sentir el viento de las noches de invierno
llamar en las ventanas, para palpar el calor del horno del pan mientras abrazaba
las llamas. Forcarei
está lleno de nombres de honda sonoridad, de viejas raíces y cargados de
nuevas historias por inventar: Xonxa, Aida, Caladiño, Casanova,
Angustias, Dorinda, Queipo, Regina, Sabino, Evangelina, Cosme, Gloria,
Farria, Herculina, Larés, Rosina, Aladino... pueden ser los nombres de
los
protagonistas de épicas historias por descubrir. Forcarei vivía en la
angustia de caminos de esperanza, muchas veces sin retorno: Argentina, México,
Argelia, Francia, Bilbao, Alemania, Panamá, Venezuela, Suíza,
Barcelona... Forcarei vivía esperando cartas que muchas veces nunca llegaron. Pero nunca
perdimos la esperanza y seguimos yendo al Correo
porque sabemos que algún día tiene que llegar. Tiene que llegar algo. Algo
nuestro, sorprendente, nuevo y definitivo que no sabemos lo que es, pero
tiene
que llegar". Toda esa gente, de algún modo, es la protagonista
coral del cortometraje más famoso del cine gallego.
Corre el año 1984, con Chano a punto de
cumplir los treinta, cuando se pone manos a la obra y se rodea del equipo ya habitual
de técnicos y actores —sobre la base del grupo de teatro Ditea, del que
surgirán, entre otros, Xosé M. Olveira "Pico" y Antón
Casal—. Funda la productora Piñeiro, S.A., posteriormente mudada en
Bubela S.L., y se traslada con el equipo a las aldeas de Baíste y Rubillón,
en el municipio ourensano de Avión, vecino de la Tierra de Montes. Chano
escribirá en el año 1985 en el diario La Región que Baíste y Rubillón
son los verdaderos protagonistas de "Mamasunción"... Las películas
de ambiente rural precisan que la gente y las piedras o losas o maderas
hablen el mismo idioma, tengan el mismo espíritu. Es hermoso ver esta comunión
entre la gente y la tierra. Por eso la actuación de la gente en nuestra película
es tan natural, tan sencilla, sin artificiosidad ni esfuerzo teatral. La
gente hace lo que viene haciendo todos los días. Yo tuve la suerte de
encontrarme con la gente de Rubillón y Baíste. Gente a la que admiro por
muchos
motivos... Habla, como ya vimos al comienzo, de la sagrada comunión
entre la gente y la tierra, un postulado que antes ya habíamos visto, entre
otros y de modo magistral, en el doctor Xoán Rof Carballo, que nos legó
una hermosa expresión de esa afinidad tan particular: "Tanto
como la relación interhumana precisa el hombre la relación con las
cosas
inertes y con los seres vivos, con el mundo animal y vegetal. Tanto como
el cariño tutelar precisa paisajes. Ese paisaje que formó con el hombre
una unidad en su infancia, esa otra parte de nosotros mismos, de la que, para
tener
que vivir, nos hemos visto necesitados de desvincularnos como de una liberación nutriz ".
O también en la reflexión orteguiana de que hay
que terminar por reconocer una afinidad entre el alma de un pueblo y el
estilo de su paisaje. Por eso se fija aquel en este, porque le gusta.
Cabría añadir, de la mano de un coterráneo nuestro, el siempre lúcido Manuel
Cabada Castro, que quizás por eso "paisaje es, en gallego,
de género femenino —para rematar por asentar esa profunda
identidad entre la mujer y la tierra—. Volvemos siempre a la tierra y
a la gente que le da sentido. La tierra es, como apunta otro coterráneo,
el periodista X.M. Rivas Troitiño, algo más que locación en el alma
de los gallegos.
Ese vínculo telúrico tan claramente expuesto en "Mamasunción"
debió de ser una de las claves de su
éxito entre nuestra gente, primeramente, y en todos aquellos lugares donde
fue
exhibida después.
El otro protagonista de "Mamasunción"
es Paco Farria, el recadero carismático que hacía las encomiendas y leía
las cartas a la poca gente que no sabía leer en Forcarei. Yo llegué
también
a conocer a Paco Farria, un hombre de quien todo aquel que lo recuerda
habla bien y con respeto a pesar de su bohemia y de su afición por el
vino
—El Farria desdoblado que hace eses por las corredoiras anticipa
al ebrio que camina por las calles de la genial "Amanece que no es
poco", de J.L. Cuerda—. Paco Farria fue un hombre con
personalidad y prestancia a quien Chano recordaba, en una colaboración que
yo le había pedido
para el libro de las fiestas de Forcarei del año 93, titulada "Artistas
de Forcarei", con los siguientes términos: Farria, mi querido
personaje de película, fue un poeta desconocido, amante de la hermosa
caligrafía y creador de poesías sin papel. Por supuesto que no hay
libros que nos permitan recoger y recordar sus sentimientos, sus duds e ironías,
sus amores y desamores porque los versos más
sentidos asoman desde el corazón y se quedan en la boca del creador o en
el
corazón del que escucha. Los sentimientos más hondos brotan en el aire
para
ser recogidos y compartidos sólo por quien tiene sensibilidad. Farria hacía
poesías porque dormía en la cárcel, aunque a mi me da que dormía en
la cárcel porque hacía poesías. Allí encontraba el más seguro refugio.
"Mamasunción"
caló hondo en la alma de un pueblo que, por fin, se daba cuenta del poder
del cine. Aunque que sólo fuese un sencillo cortometraje, tuvo la especial
misión de llevar la imagen de Galicia, de la emigración y de la nostalgia
por el
mundo adelante. Y lo hizo con mucha repercusión. Cabe destacar que
recibió los siguientes premios: Gran premio del cine español en el XXVI
Festival Internacional de Bilbao 84; premio de la Federación Internacional
de Críticos en Oberhausen 85 (Alemania); premio de la Federación
Internacional de Cineclubs Cracovia 85 (Polonia); gran premio de cortometrajes
en el Festival de Figueira da Foz 85 (Portugal); gran premio del Festival de Tetuán 86
(Marruecos); segunda película más votada por el público en el Festival de Sydney 85 (Australia).
Fue también exhibida en los festivales internacionales de Gante (Bélgica); Uppsala (Suecia);
Toldheim (Noruega); Moscú (URSS); Melbourne (Australia); Newcastle
(Inglaterra); Clermont Ferrand (Francia) y Buenos Aires (Argentina).
Por primera vez, el cine gallego era tenido en
cuenta fuera de nuestra tierra, comprobando que los sentimientos son
universales
por encima de las lenguas que los puedan separar. Reflejaba la tragedia
de la
emigración a través de una historia cargada de humanidad. Como
pensaba Tarkovski —es preciso retornar una y otra vez a los maestros—,
la tragedia es un género que desvela las mismas raíces de la existencia
humana, las verdades más íntimas y sus más profundos
significados. "Mamasunción" fue una película con éxito por
el modo en como Chano la dotó de esa carga tan honda y tan real de
humanidad. El secreto era que la gente no actuaba, sino que vivía
—sentía, lloraba y reía— en el marco de su propia aldea.
CAMINO DE LA MADUREZ
"Mamasunción"
también le sirvió a Chano para que lo reconociesen dentro del incipiente panorama
cinematográfico gallego, e incluso en el ámbito estatal. En el año 1985
logra el "Premio de la Crítica Galicia" en el apartado de Artes
y Ciencias de la Representación. El 25 de julio, día de la Patria Gallega, nace
la
Televisión de Galicia, que estrenará su programación proyectando el cortometraje de Chano. Ese
es también el año en el que se pronuncia con
respecto al séptimo arte, fundamentando que "no concibo el cine
sólo como una expresión estética. Para mi también es darle voz a mi
gente. Yo soy un aldeano, para bien o para mal". En las Xornadas
de Cine y Vídeo de Galicia, del Carballiño, coincidirá con Carlos
Velo, el pionero del cine gallego. Cerrando ese pletórico año, el 28 de
octubre Chano resulta elegido uno de los "once gallegos de hoy",
junto con su amigo y vecino Xosé Luis Barreiro y con Camilo José
Cela, entre otros. Los numerosos reconocimientos, que en otro podrían
engendrar cierta dosis de fatuidad y la cómoda tentación de dar el barco
al viento, no menoscaban la capacidad de trabajo e ilusión de Chano,
que se pone de inmediato a navegar en los arriesgados mundos de otro cortometraje.
Y, ciertamente, podemos decir que la siguiente apuesta de
Chano es de las más arriesgadas, porque el nuevo guión que comienza a
escribir tiene, en clara contradicción con el título que llevará,
poco de
esperanzador. "Esperanza" será una película desasosegante
que relatará los avatares de una vida demasiado empapada de realismo,
hiperrealista por contraposición al surrealismo de "Eu, o
tolo". Anticipa el clima de amargor de la reciente "Los lunes al
sol", que se rodará también en Vigo. Si "Mamasunción",
primero, y "Sempre Xonxa", después, golpean la conciencia con
la fuerte tragedia de la emigración, en "Esperanza" convivimos
con la sofocante tragedia de una realidad cotidiana marcada por la adicción
al alcohol. Está poblada, y embebida, su atmósfera por una esperanza
trágica que salva la belleza interior y los valores morales. Un tono acre
está bullendo en la sobriedad —¡que paradoja!— interpretativa de Xosé
M. Olveira "Pico". También perfila una buena y medida
interpretación Rosa Álvarez, y favorece esa atmósfera el barrio de
Vigo en el que fue rodada, por esa estética urbana deliberadamente feísta
que Chano intenta imprimir a la película —un modo palmario de
reivindicar el rural, aún sin mostrarlo, como deja traslucir en un
folleto publicitario del mediometraje, en el que escribe: me
enfrenté de repente con una estética diferente, con decorados llenos de cemento,
sin
sol ni verde—. "Esperanza" fue producida íntegramente
por el Ayuntamiento de Vigo, dentro de su programación social. De este
modo, fue, si salvamos la última "O camiño das estrelas" —también
de encargo—, la única de las obras de Chano que no presentó problemas
graves de financiación. La película representó a España en el Premio de
Cortometrajes de la CEE de 1987.
Chano asistió durante meses, para documentarse
y hacer una película verista, a las terapias de grupos de alcohólicos,
y tuvo que construir un final duro, porque la realidad con la que
convivió en esos meses, pensaba el, es así de dura, aunque quede siempre un
abrigo para la esperanza. Para el propio Chano también era dura la
realidad. Llevaba como podía, más mal que bien, la enfermedad de Crohn durante todos
esos años. Pero eso no le impidió hacer siempre el sacrificio que tenía
que hacer para llevar adelante sus guiones. Y lo más duro aún
estaba por venir.
En el caso de Chano, viendo todos los problemas que
se le presentaron —de toda suerte— y el modo en que los fue
salvando todos y cada uno hasta llevar a buen término sus obras, casi se
inclina uno a pensar que ser director no es solamente una profesión, ni tan
siquiera una vocación, sino un destino, un fatum que el
propio director no puede declinar, una misión que consiste no sólo en
poner algunas imágenes sobre la película virgen, sino en tratar de
comprender algo en la vida y expresarlo de algún modo también comprensible
—aquella vieja obsesión de la escuela rusa de pensar que una película
es esencialmente "tiempo impreso", y que un artista sencillamente
lo
montaba, o lo que Xosé Luis Barreiro nos muestra en el prólogo cuando
habla
de que los actores ... ... son como personajes atrapados en una
realidad exterior que el cineasta se limita a recoger con una cámara
curiosa—. Existe, pues, una especie de hechizo en el que también
queda
atrapado el director, que se desvive —nunca más cierto que en
el
caso de Chano— por cumplir su sagrada misión: convencer a los
demás a través de la belleza, pero también de la verdad, de sus imágenes.
Nuestro amigo va más allá y participa activamente en la cultura no sólo
desde el mundo de las imágenes: en su rebotica se juntan desde hace años un
nutrido grupo de artistas, periodistas, actores, pintores y escritores,
dando origen a una interesante tertulia los jueves de cada semana.
Participará también en la Comisión Gestora de la que saldrá la Asociación
de Productoras de Cine y Vídeo de Galicia en la primavera de 1987, junto
con Pancho Casal, Daniel Domínguez, López Piñeiro y Antón Reixa.
"Sempre
Xonxa", el primer largometraje del cine gallego, se comenzó a gestar
incluso antes que el mediometraje "Esperanza". Chano había
dado nacimiento a la primera de las muchas versiones que iría teniendo en tres
años el guión, en los meses postreros del año 1985. El mismo nos cuenta que
rescribió la historia más de nueve veces. En esos años que van desde
el 85 hasta el 88 encuentra —y queda hechizados por el— el paisaje
atávico donde
conformará su Trasdomonte —metáfora, en palabras de Xoán
Acuña, de todas las Galicias posibles y soñadas—. Neira Vilas,
el escritor de Gres, con el que Chano hará amistad en Cuba en 1990, nos
dejó escrito en algún lugar que todos llevamos la geografía originaria
en la retina. El director de Forcarei traslada su geografía originaria a Santa Olaia de Valdeorras, ese lugar
de la Galicia mágica por donde circularán los protagonistas de la historia
en el marco de la Galicia más profunda y menos contaminada por el progreso.
Compone la historia en cuatro décadas
(1947 - 1986) que estarán representadas en las cuatro estaciones del año:
la
primavera de la infancia; el verano de la adolescencia; el otoño de la
juventud
—y de la emigración— y el invierno de la madurez. Será una historia
muy
humana, cargada de amores y de odios, de mito y de racionalidad.
Curiosamente, el mito y la racionalidad, contrapuestos ab antiquo,
tomarán cuerpo en un mismo personaje: Caladiño, el hombre inventor que
sirve
de enlace entre los protagonistas, un poco loco y amigo de las utopías.
Representa como nadie la unión entre la vieja matria —la Galicia de los mouros,
del lucumón, de los tesoros enterrados, de las doncellas,
de la estadea, de la tradición, en definitiva— y la idea del progreso
(del complejo y descompasado aggiornamento de nuestro rural).
Se juntan, en "Sempre Xonxa", los tópicos
que conviven en la aldea de la época franquista, es decir, el cura, el
maestro, los picaruelos, los abuelos y abuelas, el "loco" maravilloso de
Caladiño y la criada del cura, por la que suspira el utópico inventor. Este
mosaico de personajes que van desfilando en el espacio y en el tiempo del
Trasdomonte piñeirano son los que insuflan la pletórica vida que
rebosa de los umbrales de la aldea ancestral y los que tejen la ya conocida
trama de amistad, amor y traición, hilvanadas en torno a los tres
personajes
protagonistas, que son la propia Xonxa, el Pancho y el Birutas.
Está inspirada en una historia de la que Chano
había oído hablar en las aldeas de Rubillón y Baíste, escenarios, como
ya
sabe a estas alturas el lector, de Mamasunción.
Los principales papeles de la película estarán
encarnados por Uxía Blanco, que dibuja los intensos perfiles de la mujer
protagonista, Xavier R. Lourido y Miguel Insua en los papeles de Pancho
y Birutas, Roberto Casteleiro construyendo un apropiado Caladiño, Roberto
Vidal Bolaño en la piel del maestro, la veterana Aurora Redondo incorporando
a la abuela del Panchiño, Rodrigo Roel como el cura y la actriz Loles León
interpretando a su criada. Cuenta con la colaboración, en un pequeño cameo,
del fotógrafo Manuel Ferrol, a quien Chano quiere rendir, de este modo,
homenaje como el fotógrafo por antonomasia de la emigración, junto con
otra escena que recrea la celebérrima fotografía de Ferrol en la que
aparece el abuelo llorando y pasando su mano por debajo de la mejilla de
su nieto, que también llora, los dos despidiendo a alguien de los muchos que se
fueron a las Américas.
La espinosa realidad de la película parece
influir en los también dificultosos avatares de la producción y del
rodaje. A
pesar de obtener las máximas valoraciones con "Mamasunción" por
parte del Ministerio de Cultura, tres veces se le niega —cuando la película
ya está en marcha— la subvención para "Sempre Xonxa" por
parte del entonces Director General de Cinematografía, el crítico y escritor
Fernando Méndez Leite, a quien Chano envía una carta desde el
periódico
Atlántico Diario criticando, en tono mordaz, la falta de objetividad en
el
reparto. Finalmente logra salir de la traba gracias a las aportaciones de
la
Consellería de Cultura de la Xunta, de la organización del V Centenario
y de la Diputación de Pontevedra, entre otros organismos, y también gracias
a las pequeñas aportaciones de particulares que creen en Chano y en su
recto
compromiso con la cultura gallega.
La carrera comercial en Galicia es todo un éxito,
algo que no se repite en el resto de España. Sin embargo, el resultado artístico
es otro cantar, puesto que resulta seleccionada en 1990 para los festivales de Montreal, La Habana,
los III encuentros cinematográficos de
Cannes, el de Cine Latino de Chicago, el de Portland y los de Sidney y
Melbourne. Precisamente en La Habana Chano y Mariluz se encuentran y traban
honda amistad con el escritor Neira Vilas y con su esposa Anisia.
Incluso hablan de adaptar el cine algún día la novela de Neira "Memorias
dun neno labrego", que tanto había arrebatado a Chano.
Ese mismo año, en el verano, Chano será el
pregonero de la Fiesta de los Dolores de Forcarei, la misma noche
en la que
se proyectan para sus orgullosos vecinos "Mamasunción" y
"Sempre Xonxa", en una velada memorable de cine al aire libre
que finaliza con la actuación del grupo "A Quenlla", liderado
por su amigo Xosé Luis Rivas "Mini", que ya había dejado atrás,
junto con Mero, el fundacional "Fuxan os Ventos".
Chano necesitaba, como el aire que respiraba,
una temporada de sosiego después del agotador sacrificio que había
hecho para
superar todas las dificultades del primer largometraje del cine gallego.
Tenía derecho, y así lo hizo hasta finales del 92, en que se ha de embarcar
en otro proyecto, ahora sin ninguno de los problemas financieros con los que se
había encontrado durante toda su vida de cineasta: La Consellería de Cultura
le encarga la promoción del Xacobeo 93 a través de un mediometraje. El
decidirá darle entonces el formato ajustado entre ficción y realidad en
el
que trenzaría la historia de un lobishome (hombre lobo) —Valente—, representando
a las tierras labriegas del interior, de la montaña, y de una sirena, representando
a la Galicia marinera. Esos dos personajes se le ocurrieron precisamente
en una visita a Forcarei: "Me asaltaron cuando iba en el coche a
hacer una de mis esporádicas visitas a Forcarei. Ya se sabe que todos
los asesinos vuelven al lugar del crimen y yo, cada cierto tiempo, siento
la necesidad de volver a mi primera aldea. Sé exactamente el lugar donde
descubrí que la base de la película iba a ser una historia de amor
entre una sirena y un hombre lobo. Entonces paré el coche, bajé la
ventanilla y dejé que los personajes reposaran mientras que con mis ojos
recorría y penetraba los volúmenes que dibujaba en el paisaje la luz
caliente del crepúsculo".
Chano me llamó para que colaborase con él en las
tomas que iba a hacer de la Tierra de Montes. Recuerdo que me comentaría
la idea de la sirena y el lobishome en una comida que tuvimos en Cerdedo
cuando más
tarde nos pusimos a la busca de localizaciones para rodar las escenas del
halcón peregrino en el puente de San Antón —con el cameo de Roberto
Casteleiro y Uxía Blanco— y la de la Rapa das Bestas, en Sabucedo. Me
pareció, y me sigue pareciendo, una hermosa idea, porque también a mi
me había parecido, igual que a Chano, muy buena la película de Pedro Olea que
adaptaba la historia real del lobishome de Santa Baia de Esgos —Manuel
Blanco Romasanta—, a su vez inspiradora de la novela "El Bosque
de Ancines", de Carlos Martínez-Barbeito, en la que se basó
finalmente Pedro Olea. A la película, de la que ya hablamos en el comienzo
de esta
obra, titulada "El Bosque del Lobo", le hace, desde el
mediometraje precisamente, un pequeño homenaje en la escena en que
Goebbels, el antagonista de la pareja, utiliza la jaula para llevar presos
a la sirena y al lobo, rememorando aquel sugestivo final en el que también
atrapan y enjaulan al lobishome soberbiamente interpretado por José
Luis López Vázquez.
Chano intenta componer un fresco cargado con todas
las imágenes posibles de Galicia, o, por mejor decirlo, con todas las
Galicias posibles. Logra hacer algo muy aproximado al cine total,
es decir, al cine que se expresa sin necesitar palabras, sin diálogos. En media
hora nos muestra su idea de país: desde los percebeiros hasta las
canteras de Porriño; desde los desfiles de moda hasta los peregrinos que
se ven reflejados simbólicamente en el halcón que recorre Galicia
desde el aire, como hacía Caladiño en el final de "Sempre Xonxa";
desde los peliqueiros de los carnavales de Verín y Laza hasta las
escuelas de canteros; desde las conserveras hasta las palilleiras de Camariñas.
El resultado, con no hacer de la película la mejor de las obras de Chano,
se aleja de la estereotipada imagen de la Galicia que siempre se intenta vender
al
exterior. Cuenta, para el reparto de los personajes, con una joven belleza
salida de las pasarelas llamada Sabela Páez, que debuta en la pantalla dando vida
a la sirena, con el actor Gustavo Salmerón, que estaba en sus comienzos,
incorporando al lobishome y con el veterano Luis Bar Boo, al que rescata
del olvido después de haber sido uno de los secundarios más prodigados
de los años
setenta en el cine nacional, llegando a trabajar con directores foráneos
de la talla de John Milius, Ken Annakin o Burt Kennedy, y también con todos
los españoles da época (el coruñés Amando de Ossorio, Jesús Franco, Juan
Piquer o Jacinto Molina, por citar a algunos). Reservó para él o papel
del maligno Goebbels, que siempre se entromete en la historia de amor del
lobishome y la sirena hasta que finalmente es derrotado.
El mediometraje fue estrenado en el Auditorio del
Monte del Gozo de Compostela el día 25 de julio de 1993. Cumplió su
función largamente, porque como apuntó Chano: "... al acabar la
película uno tiene la sensación de haber visto una historia y no es
consciente de haber visto un documental". Fue exhibido en los
festivales de Figueira da Foz, Chicago, Pórtland y Lorient.
A finales de ese mismo año resulta premiado por
la
Fundación San Martiño de A Estrada, por la defensa de la lengua gallega
y el
uso continuado como herramienta de trabajo en su obra.
En el año 1994, también el 25 de julio, Chano
organiza de la mano del Ayuntamiento de Vigo un Festival de Cine en el auditorio
al aire libre de Castrelos, con un gran éxito de afluencia y de
organización. Se proyectan films de calidad como "Terciopelo
Azul" de Lynch, "El Bosque Animado" de Cuerda y "Los
Santos Inocentes" de Camus. Ya en las Navidades, presenta el libro
"Conversas co Vento", en el que se recogen artículos que publicaba
semanalmente en el periódico "Faro de Vigo". Se nos descubre
como un
fabulador cargado de imaginación y de retranca, como un enamorado de las
letras. El libro resulta de una amenidad extraordinaria, y en él colabora
con sus ilustraciones el humorista Quesada.
El año 1995 sería el último que vería a
Chano con vida. El día 21 de marzo fallecería en el Hospital Xeral de Vigo,
a sus 40 años, dejando medio huérfano al incipiente cine gallego. La
Xunta lo premia con la Medalla de Galicia. También, y con carácter póstumo,
el Centro Gallego de Artes de la Imagen publica el libro recopilatorio de textos
suyos aparecidos en distintos lugares "A Luz dun Soño e outros
textos de Cine". El ayuntamiento de Vigo le daría su nombre a una
calle de la ciudad. En la semana siguiente a su precoz muerte, Xosé Luis Barreiro,
el amigo íntimo de Chano desde la niñez, expresa desde las páginas del
periódico "La Voz de Galicia" su conmovedora despedida para
quien ya pasaría a ser considerado uno de los pilares del cine gallego.
Parafraseando la "Elegía a Ia Muerte de Ramón Sijé", del
poeta Miguel Hernández, decía así: "Chano Piñeiro, a quien
tanto quería, se me ha muerto como del rayo. Sin darme tiempo a
comprender su ausencia; sin alertar el llanto que consuela; sin dejarme
más opción que ser un hortelano de esta tierra que ocupa y alimenta
tan temprano. Se fue sin avisar. Privándome de argumentos para celebrar
mi dolor; sin posibilidad de alabar su buen hacer de cineasta, su
sensibilidad de artista, su imaginación de escritor, o su generosa
condición de hombre. Porque Chano era mi amigo, y sólo como tal lo
puedo recordar. Vio el mundo en Forcarei, su pueblo y el mío, en Ia
misma casa que yo habito. Gracias a los casi cinco años que le llevo,
su venida a este mundo es el primer nacimiento que recuerdo. Lo mismo
que sus pesadas siestas de niño repelente, que me impedían hacer ruido
y jugar en Ia escalera hasta pasadas Ias cinco de Ia tarde. Poco a poco,
el tiempo acabó por igualarnos. Y la juventud nos hizo compañeros de
interminables charlas en Ias noches de verano, con una agradable
pandilla que no tuvo ninguna deserción, salvo ésta, brutal e
inesperada, que Chano acaba de protagonizar. Él era de ciencias y yo de
letras. Y quizá por eso me tuvo siempre por un sabio inagotable, que le
descubrió muchos pasajes de Ia literatura y de Ia música, que le enseñó
a poner los dedos sobre los trastes de Ia guitarra, que le abrió los
arcanos del cine de mensaje, que era capaz de inventar citas clásicas
sin que nadie lo notase y de amenizar Ias veladas con chistes nunca
oidos. Y as |