Web           realizada por: Javier Tato Arca sobre textos de Francisco Rozados           "Rochi". Fotografías de "Xoque" Carvajal,           Federico de la Peña, Manuel Barreiro e "Rochi".

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El cineasta Chano Piñeiro, con Vidal Bolaño en el rodaje de "Sempre Xonxa"

 

 

 

 

 

 

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Fermín Cachafeiro, padre del celebérrimo Avelino, o "Gaiteiro de Soutelo"

 

 

 

 

 

 

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Xosé Manuel Rivas Troitiño en la presentación de la biografía del "Gaiteiro de Soutelo" (año 1977)

 

 

 

 

 

 

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Xosé Luis Barreiro en su juventud, tocando la guitarra

 

 

 

 

 

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El pintor Xosé María Barreiro saludando a la Reina Sofía

 

 

 

TIERRA DE ARTISTAS Y HOMBRES DE LETRAS

             Además de la ingente cantidad de anónimos artesanos que dieron forma a las casas, molinos, cruceiros y puentes, pequeños y hechizadores demiurgos de la piedra labrada en esta tierra que llaman de canteros, inmortalizados en el monumento al Cantero de Cerdedo, existe un nutrido y notable elenco de artistas y hombres de letras que también han dejado su profunda huella a lo largo de la historia de Montes. El adelantado fue, sin duda, el abad de Acibeiro, después canonizado como San Gonzalo das Penas, a quien debemos la creación de la Escuela de Teología Moral de Aciveiro, en el siglo XV, el viejo puente románico de Andón, el primitivo puente “do Crego”, de Dúas Igrexas y, sobre todo, la inquietud cultural y formativa que trajo como consecuencia el hecho de que a principios del siglo XX, Montes estuviese por debajo del 2 % en la tasa de analfabetismo, porcentaje insólito a la sazón en un marco no urbano.

            El dieciochesco Fray Martín Sarmiento, con casa familiar en Cerdedo, dejó una obra reconocida y valorada por todos cuantos autores le siguieron en el ámbito de la etimología y de la lingüística gallega, e incluso ahondó en las raíces del folclore y de la etnografía de nuestro país, sentando las bases para posteriores trabajos de autores como Fermín Bouza Brey o José Luis Pensado, entre otros muchos que lo tuvieron por maestro fundamental en todas y cada una de las múltiples disciplinas a las que este genio se consagró.

            De los tiempos de la imaginería barroca gallega quedan patentes las presencias de los maestros talladores y canteros en la comarca a través de sus obras. El retablo de Aciveiro se atribuye casi con toda certeza a Miguel de Romay, el Ecce Homo de Cerdedo fue hecho por José Gambino, y aún mayor es la presencia del maestro Cerviño, que dejó en Montes la torre de la iglesia de Beariz y el cruceiro de Xirazga, con excelente talla en las figuras de Adán y Eva que se encuentran en la parte inferior del fuste.

            Ya en el siglo XX, estas altas tierras sirvieron de inspiración a poetas de la talla de Xosé Roxelio Otero Espasandín y Benito Veloso Prado, entre los coterráneos, o Noriega Varela y Amado Carballo, entre los foráneos que encontraron aquí su numen. Amado Carballo, el creador del “hilozoísmo” a quien Otero Espasandín prologó su obra póstuma “O Galo”, vivió en las tierra de A Madalena los últimos años de su vida, y allí se inspiró para componer esa obra hondamente lírica que incluye poemas como “O arrieiro” o el hermoso “Canto de Arada”, que remataba : O vento cego relouca / viudo de clocheles e árbores / no casal de Vilapouca.

            Otero Espasandín canta en sus poemas “ó Lérez, a Castrodiz, á flor do toxo, á gloria das labercas e á brancura das neves de febreiro”, en suma, a una naturaleza montaraz a la que pide “metro e medio de chan pra cando morra”, mientras Benito Veloso Prado orienta desde el exilio sus composiciones a la sátira y al sainete, componiendo “Sangre gorda”, “Un morto que fala” o la letra del pasodoble titulado “Viva Forcarei !” que fue estrenado en 1924 en el Centro Galego de Buenos Aires.

            Eran también los tiempos de otros dos grandes artistas de la tierra: Avelino Cachafeiro, el celebérrimo “Gaiteiro de Soutelo” que, teniendo tras de sí el amor por la música que le habían inculcado su padre y su abuelo, y siguiendo la estela que había trazado Diego de Cana, el primer gaitero del que tenemos noticia en Tierra de Montes (siglo XVI), supo vertebrar, como polifacético artista que fue, una obra hondamente arraigada en la cultura del pueblo, a través de sus sonidos, de sus versos (“Voando cas aas da vida”) e incluso de sus pintura y tallas en madera, hasta el extremo de ser calificado por hombres de la valía de Castelao o de Otero Pedrayo como arquetipo perfecto del artista popular y comprometido, y núcleo de esa inagotable y sabia cultura aldeana que Avelino atesoraba. A el, a su padre y a sus hermanos está dedicada la estatua que se yergue en la Plaza del Gaiteiro, en Soutelo de Montes, obra del conocido escultor cangués  Xoán Piñeiro.

            Virxilio Blanco, presqueirense de reconocida fama entre la vanguardia pictórica del primer tercio de siglo, es otro de esos hombres que hacen grande a una tierra. De él se acordaba el dezano Laxeiro cuando escribió sus memorias : “... en las clases del Plantel de Enseñanza Concepción Arenal del Centro Gallego de La Habana conocí, como alumno, al que habría de ser gran pintor y muy amigo mío Virxilio Blanco, que era natural de Presqueiras, cerca de Forcarei. Trabajaba de día en la tienda “El Encanto” y de noche asistía a las clases de dibujo y pintura. Recuerdo con que alegría lo fuimos a despedir al puerto Luz, porque el Centro Gallego, como era tan buen alumno, le había concedido una beca para perfeccionarse en Europa”. Corrían los primeros años de la década de los veinte cuando esto sucedía en Cuba. A su muerte, acaecida a finales de los cuarenta, Virxilio dejó múltiples muestras de su enorme talento artístico, algunas de ellas en el Museo de Pontevedra.

            En esa misma década vio la luz en Loureiro (Forcarei) el otro gran pintor de Montes, José María Barreiro Gómez, también gran amigo de Laxeiro, con quien coincidió a finales de los sesenta en Buenos Aires. Pintor de línea vigorosa y virtuoso del color, ha expuesto su obra en lugares tan diversos como Chicago, Miami, Lisboa, Buenos Aires, Caracas, Canadá, Francia o Alemania. El suyo es un expresionismo robusto (especie de “fauve” galaico) que llega a la armonía, paradójicamente, a través de la disonancia. Funda el denominado “Prismatismo”, que proclama el enriquecimiento expresionista del tema por medio de la descomposición de colores básicos. En la actualidad es uno de los más cotizados pintores dentro del panorama de la pintura gallega. Algunas de sus obras pueden admirarse en el Ayuntamiento de Forcarei. Es éste un edificio de estilo funcional diseñado por un artista recientemente galardonado con el Premio Nacional de Arquitectura, César Portela Fernández-Jardón, y podríamos decir que uno de los pocos ejemplos de arquitectura de vanguardia del siglo XX, junto con el desconcertante edificio que sirvió de residencia en Soutelo de Montes al empresario Alfredo González Barros, de un estilo ecléctico pero de clara orientación tardomodernista, sobre todo en los arcos y en la cúpula. También muestra influencias del Art-déco en una vidriera correspondiente a la puerta de entrada de uno de los dormitorios. Esta obra fue acabada en el año 1931 por Manuel González Barros. Posee también una rarísima condición, puesto que sus azulejos, tanto los exteriores como los interiores, fueron hechos artesanalmente uno a uno, y son muy similares a algunos de los que se pueden encontrar en el conocidísimo Parque Güell de Gaudí, en Barcelona.

            Merece ser destacado en el campo de las letras en la segunda mitad del siglo el cronista Antonio Rodríguez Fraiz, ya fallecido, que fue miembro del Instituto de Estudios Padre Sarmiento y cofundador del Museo do Pobo Galego, por su labor de investigación sobre la Tierra de Montes en general y el monasterio de Aciveiro en particular. También merece homenaje la pluma de Manuel Cabada, natural de Sabucedo y catedrático de Filosofía, autor de un magnífico trabajo sobre la historia y antropología de la “Rapa das Bestas”, fiesta declarada de Interés Turístico Nacional.

            Autores de una obra menos extensa, pero igualmente resaltable, son Xosé Luis Barreiro Rivas, forcaricense que dedicó un concienzudo estudio al Camino de Santiago, excelente comunicador y humanista, y Xosé Manuel Rivas Troitiño, que acaba de ver reeditada su biografía del Gaiteiro de Soutelo.

            En el campo de la imagen, dos autores pertenecen ya a la memoria colectiva: los fotógrafos Manuel Barreiro, autor de bellas estampas del Forcarei de los años cuarenta y cincuenta que fueron motivo de una exposición y de la publicación cultural del Ayuntamiento de Forcarei “Cotaredo”, y Virxilio Viéitez, reconocido ya a la altura de fotógrafos gallegos como Ksado, Pintos o Manuel Ferrol, y que tanto éxito alcanzó en el pasado 1999 en Madrid, París o Nueva York como retratista del mundo de la emigración.

                No haríamos justicia si olvidásemos a otro forcareiense que llevó al cine gallego a su mayoría de edad, Chano Piñeiro, el autor del seminal y multipremiado cortometraje “Mamasunción” y del primer largometraje gallego “Sempre Xonxa”, cineasta que extrajo muchas secuencias de su infancia vivida en Tierra de Montes, escenas que sirvieron para dar a conocer al mundo la especial personalidad de esta tierra, cargada de personas que, como él, han tenido y siguen teniendo una especial sensibilidad surgida de la vida sobria en la naturaleza y de su centenaria cultura popular. El propio Chano decía: Yo soy un aldeano, para bien y para mal”. Su memoria permanece hoy viva e intacta en esa gente de Montes a la que él tanto defendía, y en el homenaje del Instituto de Enseñanza Secundaria, llamado, en su recuerdo I.E.S. Chano Piñeiro”.

 

 
 

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